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martes, 3 de noviembre de 2015

La carta de un médico de PAMI a sus pacientes

Ernesto Argañaráz
"Querido paciente, soy Ernesto Argañaraz, tu médico de cabecera del PAMI. Yo no sé si escribir y darte ésta carta me puede traer algún problema, o no. Nadie me obliga.


Te escribo para contarte que tengo un hijo de 9 años, que se llama Juancito y uno de 2 años, que se llama Justino. A pesar de que soy un tipo grande o más grande que la media, me decidí a tener hijos por varias cosas, entre otras, porque tenía laburo.

 
Empecé a tener trabajo regular desde hace 5 años. A pesar de ser médico, de haberme recibido en Cuba, siempre pasé mucho hambre en éste país (por eso también me tuve que ir a estudiar afuera, porque no tenía un mango, ni padres con guita para bancarme). La pasé muchos años, bastante fiero. Me metieron en cana con la hiperinflación de Alfonsín. Aunque era médico me tuve que ganar la vida haciendo soldaduras, haciendo encuestas, changueando en cualquier cosa. Porque no tenía laburo. Ni tenían trabajo mis amigos, ni mi familia.


Ahora veo que mucha gente, el Domingo pasado, votó a Macri o a Massa, ellos son los culpables, de que yo me haya tenido que ir a estudiar a otro lado, de los viejos que se nos morían en las ambulancias (2001) porque Tenían PAMI y en ningún lugar los recibían. De la misería del carajo que pasamos antes que Nestor y Cristina volvieron a poner las cosas en orden. Yo no se si apoyas a este gobierno, todos sabemos que tienen muchas cosas jodidas, que nos molesta la inflación, que por ahí falta laburo y la inseguridad, jode. Pero te pido por favor que te acordes lo que era el país antes.


Si gana Macri porque vos lo votas. O porque no votas. O porque votas en blanco, se nos va todo al carajo de nuevo. Yo tengo que dejar la medicina para volver a trabajar en una ferretería y vos, seguramente vas a perder los medicamentos que tenes con el 100%. Y el PAMI va a volver a ser la porquería, que era antes.


Comparto esa reflexión nomás. En las próximas elecciones, te pido de corazón que votés a Scioli. De corazón. No me quiero volver a cagar de hambre como en el 2001. Y si tengo un peso, levanto una pared, no me compro dólares. Gracias por leer mi carta.


Dr. Ernesto Argañaraz. MP 24.256"

Copias de esta carta fueron puestas en un sobre y entregadas uno por uno a cada uno de sus pacientes y lo seguirá haciendo hasta el 22 de noviembre.

Y hoy nos cuenta: "me reciben la carta con mucho respeto, yo les explico que me perdonen, que me tomé el atrevimiento de escribirles una carta con mis ideas, que de ningun modo espera ser ofensiva, y todo eso, me miran y me la agradecen.

Que después cada uno de mis pacientitos ponga su propia experiencia y sus propias opiniones a dialogar con la carta, eso, si lograra eso nomas, aunque me manden a la concha de la lora, ya, sería un premio
."

No me asombra que haga esto, en otras oportunidades escribí o reproduje algo que escribió y que si querés saber más sobre este Tordo "sensible, cabrón, irónico y mal hablado, con un humor más corrosivo que el agua regia" podés entrar acá y darte una idea de quien se trata.

Pero al margen de lo destacable de la iniciativa y del Doc, la idea de reproducir esta carta es por nos abre un poco la cabeza (al menos en mi caso) y que además del trabajo militante tradicional, podemos hacerlo desde lo personal con una carta a nuestros vecinos, amigos, familia... tal vez alguien lo tome a mal, pero poco importa si lo que está en juego es el futuro de 40 millones de compatriotas (incluídos los que pueden tomar mal nuestro mensaje).

jueves, 14 de febrero de 2013

Norma Morandini, la tribulación del choripán encantado

Por Ernesto Argañaráz
En 1995, yo acababa de volver de Cuba, dispuesto a estrenar mi título de médico en Córdoba. Vos, Norma, estabas sentada frente a frente de mi abuela, la Otilia. Hablaban. Yo les cebaba mate. Me producían vértigo tus ojos claros y tu pronunciación tan prolija.

Varias veces fuiste a la casa de la calle Castro Barros, y se sentaban a tomar mate. Apoyábamos la pava, en una mesita de hierro y cerámica. A esa mesita, la había hecho mis tíos, unos años antes que los tiren al mar en los vuelos de la muerte.

Andábamos deshabitados, buscando el avanzado embarazo de mi tía. Varias veces nos vimos la cara, en la casa de la calle Castro Barros. Tus ojos eran una alfombra mágica y tu voz, un atolladero de nubes, por donde uno fácilmente, podía deslizarse.

Soy lento, y este país que anda a las corridas, a veces se me escapa. Así que tengo que volver a buscarlo en los diarios viejos.

El país ya no es lo mismo, porque cada día, cambia. Porque anda a las corridas y yo soy lento. Hoy me volví a buscar, los retazos de Argentina que me había perdido estas semanas, sí, ya pasó, pero encontré nuevamente, la Carta que escribiste en La Nación, a raíz del asado en La EX Esma.

Si recordás la historia de la Otilia, recordarás la mía.

A los 8 años ya era huérfano por todos los orificios posibles. Mi viejo muerto. Mi vieja desaparecida. Ya tenia tíos presos, locos, hechos pedazos, hermanos o hermanas desaparecidas, primos o primas que aun no sabemos ni cómo se llaman, tiosabuelos, primosegundos asesinados. Ya mi familia, era una alfombra de sangre para secarse cualquier buena intención o alegría, con que uno pudiera arrimarse a las personas.

En aquella Argentina negra como demonio de niños, como capa de siniestro mago, anduvo mi infancia tomando la mano que quedara viva. Así fui creciendo. Así fuimos creciendo. Suplicando ternuras, luz, risas. Suplicando aire, Norma, guitarras, pájaros.

Por eso cuando me volví unas semanas atrás, a buscar este ansioso país que nos deja trabajar a carcajadas y cagarnos en la madre de alguien sin que nos cueste la vida, y volví a leer tu carta, tu lamentable Carta, hablando de honrar a los fantasmas, tu miserable Carta otorgándoles el honor de la semántica a los mismos que nos mataron y nos siguen matando con los símbolos, me diste una tristeza irremontable.

Norma, las parrillas, para nuestros viejos, era el lugar donde se comían asados, se discutía, se cantaban zambas y canciones revolucionarias. Las parrillas eran un canto a la alegría.

Si aquellos heraldos del infierno, le cambiaron el nombre, es nuestra obligación, como personas que honramos la victoria y que sufrimos hasta alfabéticamente cada pérdida, volver a darle el sentido del canto.

Ese asado en la EX Esma, Norma, fue un grito de victoria, no importa si eran choripanes, hamburguesas, panchitos o pepinos, estaban los nuestros ahí, los que no están, estaban los nuestros, los chicos, los hermanos, los hijos, los novios mirándose, la alegría del laburo, Norma, bendiciendo la vida y el futuro. Quisiera que tus ojos claros, nuevamente, miraran estos sueños, con orgullo, porque te estás transformando en una persona malvada, tejiendo pesadillas de insensatez, despreciando el sagrado canto, dejando a tu paso, una estrella apagada.

jueves, 22 de noviembre de 2012

El FAP- Juecismo, un despido y un pedido

Hay un tipo, médico el, al que echaron del trabajo dos veces. En el 96 los radicales, en el 2012 los del FAP/juecistas.

La cacerola sólo la usa para cocinar (en general para varios) y no hace paro para que suban el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, aunque le gustaría que le descuenten por que eso significaría que su salario sería el triple de lo que era.

Sin decirle "agua va", en el día de ayer la Directora del área de Salud de la Municipalidad de Unquillo, Eloisa Migueltorena le mandó a decir a Ernesto Argañaráz que prescindían de sus servicios tras 20 meses con contratos mensuales.

De un día para otro, sin previo aviso, dejan sin trabajo a un médico "por que no se ajusta al perfil del profesional que quieren para el próximo año".

¿Cual será el perfil del profesional al que aspira el intendente de Unquillo, Germán Eduardo Jalil?  Por que vale aclarar que en el tiempo en que desempeñó sus funciones este Compañero no tuvo ningún problema en el desempeño de sus tareas.

¿Será que un médico que camina las calles, que toma mate con la gente y se involucra con ella es demasiado para para un humilde dispensario de un humilde barrio?

¿Tendrá algo que ver que el médico en cuestión es un activo militante? ¿Tal vez lo alejó del "perfil del profesional" el hecho que hace cinco meses se plantaron y por primera vez y tras una medida de fuerza los medicos lograron un aumento de 35 a 40 pesos la hora?

"No se ajusta al perfil" es algo demasiado ambiguo como para saber por que apartás a un trabajador y dá para todo tipo de especulaciones, como por ejemplo la de pensar que quienes hablan de persecuciones políticas, de patotas o adoctrinamientos forzosos y que exigen respeto, son cultores del "haz lo que yo digo, y no lo que yo hago".

Tal vez sea una mal pensada y sólo se trata de un error, que tanto la señora Eloisa Migueltorena o el señor Germán Eduardo Jalil pueden subsanar reincorporando al Compañero, y es ahí donde nosotros podemos dar una mano escribiendo para pedir que revean la medida adoptada.

El mail de la Directora es dirsaludunquillo@gmail.com y eloisamigueltorena@yahoo.com.ar. Al intendente se le puede escribir clickeando en este enlace.

También se puede acceder al Facebook de la Municipalidad, pero esta última opción es menos directa.

En el grupo "Por la reincorporación del Dr. Ernesto Argañaráz" podés enterarte como va la cosa y expresar tu apoyo como lo hacemos todos los que conocemos al Compañero. Y para los que no lo conocen y se preguntan "¿quien es Ernesto Argañaráz?", acá va un pantallazo:

Hace casi dos años, en ocasión de celebrar el día del médico el Compañero Ernesto Argañaráz escribió:

"Feliz Día a mis colegas médicos!!! Quiero saludarnos en nuestro día, invitarnos a no ser tan hijos de puta, pensar siempre que el paciente podemos ser nosotros o un ser amado, que no son cosas. Que siempre hay que mirarlos a los ojos y dejarnos mirar, que tenemos que explicarles hasta que entiendan, eso que tienen, porque es su cuerpo. Que nunca esta de más agarrarles la mano. Que tener miedo no es un pecado, y asustarse a veces también es humano. Que un beso y un abrazo no son contagiosos. Que esa persona, que esta en frente nuestro, esta asustado. Que no salvamos vidas, somos apenas intermediarios, herramientas, entre la ciencia y el hombre o entre Dios y el hombre, como quieran. Que lo nuestro es un servicio, pero también un trabajo, y tenemos que exigir salarios dignos y decentes condiciones laborales, porque con un sacerdocio no pagamos nada, y hasta los sacerdotes cobran plata. Que no es tan malo entregarse, y quedar con el culo roto y los ojos con lágrimas, que al menos así, me enseñaron a ser médico, mis médicos del alma."

Ese saludo lo pinta de cuerpo entero. Puteador, directo, sensible... el médico que todos quisiéramos tener. El que dice y hace. El que en la invitación a "no ser tan hijos de puta", se invita por que se sabe imperfecto (un buen signo de inteligencia). Aunque en ese sentido es un bastante injusto con él mismo, por que ese saludo es casi una declaración de principios. Más que de principios: de acciones.

Todo eso lo hizo en sus recorridos con el Tren Sanitario, con el que, según sus propias palabras, "deja todo, pero se trae el doble".

Mirá las fotos:



Pero ahí no queda todo, y para no agobiar con textos interminables, a continuación va un album con algunas de las cosas en las que participa:



Y para conocerlo un poco más, tomate un tiempo y leé la nota que le hicieron hace un tiempo entrando acá.

Escribí, difundí, hagamos que en Unquillo la salud de los más humildes sea atendida por este tipo de médicos, explicales que ese es el perfil que deberían estar buscando.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Día del Médico

En su día saludo a todos los médicos a través del Compañero Ernesto Argañaráz quien escribió: Felíz Día a mis colegas médicos!!!

Quiero saludarnos en nuestro día, invitarnos a no ser tan hijos de puta, pensar siempre que el paciente podemos ser nosotros o un ser amado, que no son cosas. Que siempre hay que mirarlos a los ojos y dejarnos mirar, que tenemos que explicarles hasta que entiendan, eso que tienen, porque es su cuerpo. Que nunca esta de más agarrarles la mano. Que tener miedo no es un pecado, y asustarse a veces tambien es humano. Que un beso y un abrazo no son contagiosos. Que esa persona, que esta en frente nuestro, esta asustado. Que no salvamos vidas, somos apenas intermediarios, herramientas, entre la ciencia y el hombre o entre Dios y el hombre, como quieran. Que lo nuestro es un servicio, pero también un trabajo, y tenemos que exigir salarios dignos y decentes condiciones laborales, porque con un sacerdocio no pagamos nada, y hasta los sacerdotes cobran plata. Que no es tan malo entregarse, y quedar con el culo roto y los ojos con lágrimas, que al menos así, me enseñaron a ser médico, mis médicos del alma.

Este es el Arga, según su propia definición "médico, ferretero y novelista de cuarta".

Sensible, irónico, cabrón, mal hablado, con un humor más corrosivo que el agua regia. Usando sus propias palabras: un culiadazo.

Cada tanto nos deja para subirse al Tren Sanitario esa "dura pero bella experiencia" que saluda en cada regreso con un "Chin Chin País" y agradece "por haber dejado todo y traerse el doble".

Y acá quedamos nosotros esperando que nos cuente como le fué, para ver las fotos... En cada regreso le tenemos que dar un poco de tiempo, por que el tordo llega un poco en carne viva. No es fácil lo que él hace. Pero lo hace, junto a una pila de gente que no conocemos pero los intuímos.

En alguna oportunidad escribió: "esto no me hubiera sucedido, si no hubieran entrado en mi vida, las personas maravillosas que entraron. La mierda esa de Negros de Mierda y M.U.".

Tal vez el tren no, pero cualquier otra tarea que te involucre hasta las tripas con la alegría y el dolor de los que te necesitan, más tarde o más temprano te hubiera encontrado, por que sos un tipo comprometido con tus ideas.

Todo esto que les cuento es para introducirlos en la nota que le hizo la Revista Matices: Rieles que se enderezan, el Tren Sanitario y Ernesto Argañaráz.

Un médico desencantado que volvió a la profesión. Un tren que llega a las tierras del olvido para darle salud a su gente. No es una novela. Es el Tren de Desarrollo Social y Sanitario de la Nación, que existe. Y es Ernesto Argañaraz, el doc que lo cuenta.

Ernesto no se llama Ernesto por pretensiones estéticas de su padre y de su madre. Ernesto se llama Ernesto porque hubo un Ernesto previo a él que marcó a toda una generación.

Ernesto no conoció en vida a ese Ernesto que le dio su nombre. Y fue poco lo que conoció de quienes lo nombraron.

Padre y madre eligieron un destino similar al Ernesto que los había marcado. No buscaron la muerte. Nadie la busca. Pero sí sabían que ponían la vida en juego por algo más que el propio hueso.

Ernesto no se llama Ernesto por pretensiones estéticas de su padre y de su madre.

Para más datos, su segundo nombre es Vladimiro.

El Tren de Desarrollo Social y Sanitario de la Nación Ramón Carrillo es, claramente, un tren que anda por las vías del óxido argentino desde el 23 de noviembre de 2003, atravesando los pueblos que pueblan la Argentina desposeída.

Operación a cargo del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, en colaboración con otros ministerios y secretarías, los 8 vagones junto a la asistencia de móviles independientes –camión y camioneta-, cargan casi un centenar de personas entre profesionales de la medicina y encargados de tareas de logística y administración, para llevar allá donde el polvillo crece más que la hierba, los servicios básicos de salud y desarrollo social.

Ernesto creció sin ellos, sin padre y madre. Creció con Otilia Argañaraz, su abuela. No fue el único: 2 de sus familiares fueron asesinados y 7 secuestrados entre 1974 y 1983 y fue la Otilia, la Abuela de Plaza de Mayo en Córdoba, la íntima de Serrat, la que se encargó de los huérfanos que dejaba el Terrorismo de Estado a su paso. “La Otilia crió 4 nietos. Al principio no sabía que era la derecha y la izquierda, pero tenía los cojones bien puestos. Era muy combatida, pero también muy querida. Un locurón la vieja. No sabía cocinar, no limpiaba la casa, un personaje”, recuerda el nieto.

Ya alimentado, criado y crecido, con 21 años en el lomo, Ernesto se fue a Cuba por gestiones de su propia abuela. Estudió Medicina. Atravesó el peor periodo de la isla, del 89’ al 95’, mientras los muros y las potencias se caían, dejando al capitalismo vía libre para sus aventuras, y volvió. “La pasé bastante mal, la pase fiero, me tocó una época muy dura, el periodo especial. Vine con 56 kilos y ahora peso 91. Fue muy áspero. Y no me daba para quedarme a mojarme las patas en el Caribe”.

El Tren Sanitario recorre 9 caminos distintos, siempre sobre rieles. El corredor Norte atraviesa Tucumán, Santiago y Santa Fe. 22 pueblos en total; el Sur, Río Negro -10 pueblos-; Cuyo: San Juan, Mendoza y San Luis. 14 pueblos; Mesopotamia: Misiones, Corrientes y Entre Ríos. 21 pueblos. Y el corredor Buenos Aires, otros tantos.

El trabajo tiene como ejes la atención social directa en situaciones de vulnerabilidad, la atención primaria y la promoción y prevención de la salud. Además, articula en cada pueblo acciones con los gobiernos locales, ONG’S, cooperadoras y otras instituciones locales.

Todo previsto y previsible, en cada pueblo, en cada paraje, saben con antelación que llegará el tren. Y sobre las vías se convocarán los que necesiten un tratamiento, una revisación, una pensión. Los necesitados.

De vuelta en Córdoba, con la carga que suponía su formación cubana, Ernesto comenzó a ejercer en un dispensario de Yacanto de Calamuchita. Enfrentado con el “poder” del paraje, volvió a la ciudad, después de algunas experiencias que le hicieron ver que así no quería ser médico. En Córdoba pasó por la medicina privada y de urgencia. Era todo lo que necesitaba para largar la profesión. “Era la precariedad al extremo”, recuerda. Y se puso una ferretería en el Cerro y entre cuplas y bolsas de cemento fue más feliz. Allí comenzó a atender mejor a sus pacientes, esos que buscaban un hierro de 3/8 y de paso le contaban cómo iba la vida.

Eso fue hasta que a mediados de año apareció la posibilidad del Tren. Y no dudó. Largó en mayo y ya lleva hecho 6 viajes, sin abandonar la ferre. “Arranqué, y no me quiero bajar más”, dice, en el convencimiento que le da el haber recuperado su profesión en el marco en el que fue formado profesional y humanamente: pensando en el otro.

Su pasado personal, enredado en tragedia y entrega, muerte y mundo mejor, y su formación cubana, la revolución como sueño eterno, viajan de lo más cómodo en el Tren que pasa cuando tiene que pasar.

_ Dos kilos de clavos por favor.

El Tren que atraviesa la Argentina más desposeída que no se puede tener, vuelve ahí donde habita el olvido llevando galenos que no sólo alargan vidas. “El tren estaba tirado en Retiro, lo desarmaron y lo pusieron en marcha”, cuenta Ernesto.

El equipo interdisciplinario que visita las pequeñas localidades está integrado por médicos clínicos, pediatras, bioquímicos, ginecólogos, oftalmólogos, nutricionistas, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros, técnicos radiólogos, odontólogos, bioquímicos, administrativos y técnicos en informática. Además, a bordo, viajan un laboratorio de análisis clínicos, una sala de rayos X y servicio de farmacia.

En su marcha, va llevando planes nacionales como El Hambre más Urgente y Manos a la Obra, que le da un empujón a emprendimientos con capacitación y apoyo financiero; el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria, que busca facilitar la autoproducción de alimentos en huertas y granjas; el Plan Familias, que brinda ayuda social directa - materiales, bienes e insumos varios- y que gestiona pensiones asistenciales a mayores de 70 años, discapacitados y madres con más de 7 hijos. También se gestiona un programa que apoya emprendimientos productivos a través del suministro de herramientas, máquinas e insumos.

_ Vos sabés Ernesto que me levanté con un dolorcito en el ciático… -le dice una proveedora-.

“En los viajes, todos los días a las 8.15 estamos afuera del tren cantando la Aurora. La primera vez que vas te emocionás…” reconoce Ernesto, médico, ferretero, novelista que lleva publicado dos libros y personaje con notables pretensiones histriónicas y claramente políticas.

Doctor en medicina para los cubanos, médico cirujano para los argentinos, Argañaraz ya realizó, en lo que va del año, 6 viajes en el Tren Sanitario de la Nación. Pasó por Ceres, Selva, Colonia Dora y otros irreconocibles.

Camino por la trocha ancha sobre el ramal que va al Chaco, Ernesto reconoce que la situación de lo más profundo del profundo argentinismo aún contiene marcas del peor presente. En Colonia Dora, por ejemplo, cuenta que están los evacuados por las inundaciones y “los autoevacuados”. Algunos se inundan y tienen que irse a ser asistidos. Y otros, a falta de agua, se evacuan, porque saben que estarán mejor siendo asistidos que en sus lugares. Sequitos, pero pobres.

_ A ver si tienen acá, necesito un papel de aluminio para que no suban las hormigas.

Con su centenar de personas a bordo, el Tren va llevando en partes iguales asistencia económica, social y sanitaria. Se relevan las poblaciones vulnerables, se busca el fortalecimiento de las organizaciones existentes y, entre otras cuestiones, se realizan talleres donde se trabaja en la prevención de distintas problemáticas: salud buco - dental; salud reproductiva, promoción de la lactancia y enfermedades prevalentes en las comunas.

Junto a eso llegan colchones, sillas de ruedas, muletas y otros objetos que pueblan un vagón o, por si no entraran, un camión que sigue su rumbo paralelo. Y la última incorporación: un laboratorio móvil de prótesis dentales, que se suma al ecógrafo, al detector de latidos fetales, al nuevo colposcopio y al electrocardiógrafo a distancia.

Ernesto conoció así a sus nuevos pacientes. Hacheros que ganan a $450 pesos al mes, que cobran 7$ el metro de monte –paradoja aquel que no se alegra de ver dos quebrachos pegaditos- y cuyos cuerpos, en general, están “hechos mierda”, dice el médico. Una de las pensiones que les otorga el Tren les duplica los ingresos. “Les cambia la vida”, asegura Argañaraz.

“Di pensiones a chicos de 19 años fusilados por el Chagas. El corazón grandote, inútil, que no servía para nada. Debo haber atendido un 20 de chagásicos con problemas serios, que no tienen vuelta atrás”, cuenta Ernesto.

El Tren va mejorando a cada metro de riel. La última adquisición a bordo es la óptica y los lentes en el acto. “Antes tardaban tres meses en llegar los anteojos, ahora es a bordo, sale la negritud con los anteojos puestos” comenta el doc, siempre lejano de modismos y protocolos.

No todo es consultorio. El Tren cumple un rol educativo, artístico y cultural a través de la participación del Ministerio de Educación. El Cine Móvil, que proyecta películas nacionales; la Biblioteca sobre rieles, los talleres de títeres y las obras de teatro. “Hacen un trabajo extraordinario –cuenta Ernesto-, son pendejos que van los viernes y sábados, y hacen fiestas y peñas con los chicos, se disfrazan de payasos, juegan con los chicos, tiene un fin recreativo y cultural”.
El Tren, durante el viaje, articula con otras dependencias del Estado y del Tercer Sector. Con el Ministerio de Educación lleva adelante el Programa de Alfabetización y con la Secretaría de Deportes, el Programa Tribuna Abierta. Además, junto a Abuelas y Madres de Plaza de Mayo y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas se realizan Jornadas por la Memoria.

Ernesto cuenta que la demanda de salud tiene directa proporción a la atención de salud del pueblo. Ceres tiene 15 mil habitantes, mucha pampa y soja, pero el hospital no funciona y la gente necesita del Tren. En cambio, en Selva, en Santiago del Estero, “la salud anda bárbaro y no tuvimos mucho trabajo, sólo unos 10 pacientes diarios”.

_ ¿Grasa tenés?
_ ¿Grasa grafitada o grasa de litio?
_ Es para la hormigonera.
_ Te sale 10 mangos.

Ernesto reconoce que esa realidad que el Tren está tratando de paliar, es la realidad del país, del mismo país gobernado por quien pone en marcha el Tren todos los días. Paradoja y realidad.

“Hay un pequeño mejoramiento en la gente. Tiene más chanchos, más cabritos, más gallinas”. Pobreza con orgullo, dice Argañaraz para calificar el modo en el que los olvidados de la tierra se muestran. “Tienen felicidad por la cantidad de cabritos que dio la cabra, sin saber que eso es continuación de lo mismo. Pero no los doblegás así nomás, cuando esta gente toma conciencia, son como los bolivianos mineros, tienen una valoración de la vida que los hace estar más cerca de una cuestión mística que de una cuestión material. Cuando tomen conciencia de que las cosas no deben ser así…”.

Un cieguito amigo entra a saludarlo a la ferretería. “Hoy es el día del ferretero”, le dice. Ernesto no sabía.

Como retribución, lo ayuda a cruzar la Roque Funes. Siguiendo el camino que enderezaron los rieles.

Este es el Arga. El papá de Juan. El hijo de María Elena y César. El nieto de Otilia. El que junto a su familia sigue buscando a su primo (o prima) nacido entre octubre y noviembre de de 1977, posiblemente en Mar del Plata.

El médico, ferretero, novelista y ahora bloguero.

El que te pude contar lo que es la pobreza y el dolor. Pero también lo que es la dignidad y la alegría por las pequeñas cosas. No como un simple observador, sino como un protagonista que pone su enorme grano de arena para calmar infortunios y llevar esperanza a los que hasta ahora nada esperaban.

El que te hace pensar, enojar y reir. El que te puede explicar que no alcanza con rasgarse la vestiduras por "el crecimiento del índice de la pobreza que el INDEC disfraza de disminución", por que más allá de si el número baja o sube, la cuestión es arremangarse y hacer.

Conocelo a él y a algunos de sus compañeros de tren en este video:


miércoles, 27 de octubre de 2010

Mi Cumpa el Dotor

Este es el Arga, según su propia definición "médico, ferretero y novelista de cuarta".

Sensible, irónico, cabrón, mal hablado, con un humor más corrosivo que el agua regia. Usando sus propias palabras: un culiadazo.

Cada tanto nos deja para subirse al Tren Sanitario esa "dura pero bella experiencia" que saluda en cada regreso con un "Chin Chin País" y agradece "por haber dejado todo y traerse el doble".

Y acá quedamos nosotros esperando que nos cuente como le fué, para ver las fotos... En cada regreso le tenemos que dar un poco de tiempo, por que el tordo llega un poco en carne viva. No es fácil lo que él hace. Pero lo hace, junto a una pila de gente que no conocemos pero los intuímos.

En alguna oportunidad escribió: "esto no me hubiera sucedido, si no hubieran entrado en mi vida, las personas maravillosas que entraron. La mierda esa de Negros de Mierda y M.U.".

Tal vez el tren no, pero cualquier otra tarea que te involucre hasta las tripas con la alegría y el dolor de los que te necesitan, más tarde o más temprano te hubiera encontrado, por que sos un tipo comprometido con tus ideas.

Todo esto que les cuento es para introducirlos en la nota que le hizo la Revista Matices: Rieles que se enderezan, el Tren Sanitario y Ernesto Argañaráz.

Un médico desencantado que volvió a la profesión. Un tren que llega a las tierras del olvido para darle salud a su gente. No es una novela. Es el Tren de Desarrollo Social y Sanitario de la Nación, que existe. Y es Ernesto Argañaraz, el doc que lo cuenta.

Ernesto no se llama Ernesto por pretensiones estéticas de su padre y de su madre. Ernesto se llama Ernesto porque hubo un Ernesto previo a él que marcó a toda una generación.

Ernesto no conoció en vida a ese Ernesto que le dio su nombre. Y fue poco lo que conoció de quienes lo nombraron.

Padre y madre eligieron un destino similar al Ernesto que los había marcado. No buscaron la muerte. Nadie la busca. Pero sí sabían que ponían la vida en juego por algo más que el propio hueso.

Ernesto no se llama Ernesto por pretensiones estéticas de su padre y de su madre.

Para más datos, su segundo nombre es Vladimiro.

El Tren de Desarrollo Social y Sanitario de la Nación Ramón Carrillo es, claramente, un tren que anda por las vías del óxido argentino desde el 23 de noviembre de 2003, atravesando los pueblos que pueblan la Argentina desposeída.

Operación a cargo del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, en colaboración con otros ministerios y secretarías, los 8 vagones junto a la asistencia de móviles independientes –camión y camioneta-, cargan casi un centenar de personas entre profesionales de la medicina y encargados de tareas de logística y administración, para llevar allá donde el polvillo crece más que la hierba, los servicios básicos de salud y desarrollo social.

Ernesto creció sin ellos, sin padre y madre. Creció con Otilia Argañaraz, su abuela. No fue el único: 2 de sus familiares fueron asesinados y 7 secuestrados entre 1974 y 1983 y fue la Otilia, la Abuela de Plaza de Mayo en Córdoba, la íntima de Serrat, la que se encargó de los huérfanos que dejaba el Terrorismo de Estado a su paso. “La Otilia crió 4 nietos. Al principio no sabía que era la derecha y la izquierda, pero tenía los cojones bien puestos. Era muy combatida, pero también muy querida. Un locurón la vieja. No sabía cocinar, no limpiaba la casa, un personaje”, recuerda el nieto.

Ya alimentado, criado y crecido, con 21 años en el lomo, Ernesto se fue a Cuba por gestiones de su propia abuela. Estudió Medicina. Atravesó el peor periodo de la isla, del 89’ al 95’, mientras los muros y las potencias se caían, dejando al capitalismo vía libre para sus aventuras, y volvió. “La pasé bastante mal, la pase fiero, me tocó una época muy dura, el periodo especial. Vine con 56 kilos y ahora peso 91. Fue muy áspero. Y no me daba para quedarme a mojarme las patas en el Caribe”.

El Tren Sanitario recorre 9 caminos distintos, siempre sobre rieles. El corredor Norte atraviesa Tucumán, Santiago y Santa Fe. 22 pueblos en total; el Sur, Río Negro -10 pueblos-; Cuyo: San Juan, Mendoza y San Luis. 14 pueblos; Mesopotamia: Misiones, Corrientes y Entre Ríos. 21 pueblos. Y el corredor Buenos Aires, otros tantos.

El trabajo tiene como ejes la atención social directa en situaciones de vulnerabilidad, la atención primaria y la promoción y prevención de la salud. Además, articula en cada pueblo acciones con los gobiernos locales, ONG’S, cooperadoras y otras instituciones locales.

Todo previsto y previsible, en cada pueblo, en cada paraje, saben con antelación que llegará el tren. Y sobre las vías se convocarán los que necesiten un tratamiento, una revisación, una pensión. Los necesitados.

De vuelta en Córdoba, con la carga que suponía su formación cubana, Ernesto comenzó a ejercer en un dispensario de Yacanto de Calamuchita. Enfrentado con el “poder” del paraje, volvió a la ciudad, después de algunas experiencias que le hicieron ver que así no quería ser médico. En Córdoba pasó por la medicina privada y de urgencia. Era todo lo que necesitaba para largar la profesión. “Era la precariedad al extremo”, recuerda. Y se puso una ferretería en el Cerro y entre cuplas y bolsas de cemento fue más feliz. Allí comenzó a atender mejor a sus pacientes, esos que buscaban un hierro de 3/8 y de paso le contaban cómo iba la vida.

Eso fue hasta que a mediados de año apareció la posibilidad del Tren. Y no dudó. Largó en mayo y ya lleva hecho 6 viajes, sin abandonar la ferre. “Arranqué, y no me quiero bajar más”, dice, en el convencimiento que le da el haber recuperado su profesión en el marco en el que fue formado profesional y humanamente: pensando en el otro.

Su pasado personal, enredado en tragedia y entrega, muerte y mundo mejor, y su formación cubana, la revolución como sueño eterno, viajan de lo más cómodo en el Tren que pasa cuando tiene que pasar.

_ Dos kilos de clavos por favor.

El Tren que atraviesa la Argentina más desposeída que no se puede tener, vuelve ahí donde habita el olvido llevando galenos que no sólo alargan vidas. “El tren estaba tirado en Retiro, lo desarmaron y lo pusieron en marcha”, cuenta Ernesto.

El equipo interdisciplinario que visita las pequeñas localidades está integrado por médicos clínicos, pediatras, bioquímicos, ginecólogos, oftalmólogos, nutricionistas, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros, técnicos radiólogos, odontólogos, bioquímicos, administrativos y técnicos en informática. Además, a bordo, viajan un laboratorio de análisis clínicos, una sala de rayos X y servicio de farmacia.

En su marcha, va llevando planes nacionales como El Hambre más Urgente y Manos a la Obra, que le da un empujón a emprendimientos con capacitación y apoyo financiero; el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria, que busca facilitar la autoproducción de alimentos en huertas y granjas; el Plan Familias, que brinda ayuda social directa - materiales, bienes e insumos varios- y que gestiona pensiones asistenciales a mayores de 70 años, discapacitados y madres con más de 7 hijos. También se gestiona un programa que apoya emprendimientos productivos a través del suministro de herramientas, máquinas e insumos.

_ Vos sabés Ernesto que me levanté con un dolorcito en el ciático… -le dice una proveedora-.

“En los viajes, todos los días a las 8.15 estamos afuera del tren cantando la Aurora. La primera vez que vas te emocionás…” reconoce Ernesto, médico, ferretero, novelista que lleva publicado dos libros y personaje con notables pretensiones histriónicas y claramente políticas.

Doctor en medicina para los cubanos, médico cirujano para los argentinos, Argañaraz ya realizó, en lo que va del año, 6 viajes en el Tren Sanitario de la Nación. Pasó por Ceres, Selva, Colonia Dora y otros irreconocibles.

Camino por la trocha ancha sobre el ramal que va al Chaco, Ernesto reconoce que la situación de lo más profundo del profundo argentinismo aún contiene marcas del peor presente. En Colonia Dora, por ejemplo, cuenta que están los evacuados por las inundaciones y “los autoevacuados”. Algunos se inundan y tienen que irse a ser asistidos. Y otros, a falta de agua, se evacuan, porque saben que estarán mejor siendo asistidos que en sus lugares. Sequitos, pero pobres.

_ A ver si tienen acá, necesito un papel de aluminio para que no suban las hormigas.

Con su centenar de personas a bordo, el Tren va llevando en partes iguales asistencia económica, social y sanitaria. Se relevan las poblaciones vulnerables, se busca el fortalecimiento de las organizaciones existentes y, entre otras cuestiones, se realizan talleres donde se trabaja en la prevención de distintas problemáticas: salud buco - dental; salud reproductiva, promoción de la lactancia y enfermedades prevalentes en las comunas.

Junto a eso llegan colchones, sillas de ruedas, muletas y otros objetos que pueblan un vagón o, por si no entraran, un camión que sigue su rumbo paralelo. Y la última incorporación: un laboratorio móvil de prótesis dentales, que se suma al ecógrafo, al detector de latidos fetales, al nuevo colposcopio y al electrocardiógrafo a distancia.

Ernesto conoció así a sus nuevos pacientes. Hacheros que ganan a $450 pesos al mes, que cobran 7$ el metro de monte –paradoja aquel que no se alegra de ver dos quebrachos pegaditos- y cuyos cuerpos, en general, están “hechos mierda”, dice el médico. Una de las pensiones que les otorga el Tren les duplica los ingresos. “Les cambia la vida”, asegura Argañaraz.

“Di pensiones a chicos de 19 años fusilados por el Chagas. El corazón grandote, inútil, que no servía para nada. Debo haber atendido un 20 de chagásicos con problemas serios, que no tienen vuelta atrás”, cuenta Ernesto.

El Tren va mejorando a cada metro de riel. La última adquisición a bordo es la óptica y los lentes en el acto. “Antes tardaban tres meses en llegar los anteojos, ahora es a bordo, sale la negritud con los anteojos puestos” comenta el doc, siempre lejano de modismos y protocolos.

No todo es consultorio. El Tren cumple un rol educativo, artístico y cultural a través de la participación del Ministerio de Educación. El Cine Móvil, que proyecta películas nacionales; la Biblioteca sobre rieles, los talleres de títeres y las obras de teatro. “Hacen un trabajo extraordinario –cuenta Ernesto-, son pendejos que van los viernes y sábados, y hacen fiestas y peñas con los chicos, se disfrazan de payasos, juegan con los chicos, tiene un fin recreativo y cultural”.
El Tren, durante el viaje, articula con otras dependencias del Estado y del Tercer Sector. Con el Ministerio de Educación lleva adelante el Programa de Alfabetización y con la Secretaría de Deportes, el Programa Tribuna Abierta. Además, junto a Abuelas y Madres de Plaza de Mayo y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas se realizan Jornadas por la Memoria.

Ernesto cuenta que la demanda de salud tiene directa proporción a la atención de salud del pueblo. Ceres tiene 15 mil habitantes, mucha pampa y soja, pero el hospital no funciona y la gente necesita del Tren. En cambio, en Selva, en Santiago del Estero, “la salud anda bárbaro y no tuvimos mucho trabajo, sólo unos 10 pacientes diarios”.

_ ¿Grasa tenés?
_ ¿Grasa grafitada o grasa de litio?
_ Es para la hormigonera.
_ Te sale 10 mangos.

Ernesto reconoce que esa realidad que el Tren está tratando de paliar, es la realidad del país, del mismo país gobernado por quien pone en marcha el Tren todos los días. Paradoja y realidad.

“Hay un pequeño mejoramiento en la gente. Tiene más chanchos, más cabritos, más gallinas”. Pobreza con orgullo, dice Argañaraz para calificar el modo en el que los olvidados de la tierra se muestran. “Tienen felicidad por la cantidad de cabritos que dio la cabra, sin saber que eso es continuación de lo mismo. Pero no los doblegás así nomás, cuando esta gente toma conciencia, son como los bolivianos mineros, tienen una valoración de la vida que los hace estar más cerca de una cuestión mística que de una cuestión material. Cuando tomen conciencia de que las cosas no deben ser así…”.

Un cieguito amigo entra a saludarlo a la ferretería. “Hoy es el día del ferretero”, le dice. Ernesto no sabía.

Como retribución, lo ayuda a cruzar la Roque Funes. Siguiendo el camino que enderezaron los rieles.

Este es el Arga. El papá de Juan. El hijo de María Elena y César. El nieto de Otilia. El que junto a su familia sigue buscando a su primo (o prima) nacido entre octubre y noviembre de de 1977, posiblemente en Mar del Plata.

El médico, ferretero, novelista y ahora bloguero.

El que te pude contar lo que es la pobreza y el dolor. Pero también lo que es la dignidad y la alegría por las pequeñas cosas. No como un simple observador, sino como un protagonista que pone su enorme grano de arena para calmar infortunios y llevar esperanza a los que hasta ahora nada esperaban.

El que te hace pensar, enojar y reir. El que te puede explicar que no alcanza con rasgarse la vestiduras por "el crecimiento del índice de la pobreza que el INDEC disfraza de disminución", por que más allá de si el número baja o sube, la cuestión es arremangarse y hacer.

Conocelo a él y a algunos de sus compañeros de tren en este video:


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