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martes, 29 de julio de 2014

Quieren la guerra

Por  Ilya U. Topper










En el muro ponía con tiza
Quieren la guerra.
El que lo escribió
ya cayó en combate.

Este poema lo escribió Bertolt Brecht en 1939. Los tiempos han cambiado: hoy ya no se muere uno por denunciar que quieren la guerra. Puede repetirse mil veces, con tiza o en digital, y nadie escucha. Pero ya que puedo, lo diré una vez más.

Quieren la guerra. El bombardeo de Gaza por parte de Israel no es un intento de acabar con Hamás. Tampoco es un error estratégico. Tampoco una reacción emocional desmedida. Ni siquiera una búsqueda de votos de la ultraderecha. Es un intento desesperado de supervivencia de Israel. Es un esfuerzo supremo de sembrar odio y garantizarse un ambiente lo suficientemente hostil como para que mañana sigan saltando chispas, muertos, cohetes, bombas. Para que nunca haya paz.

Israel no tiene otra opción: la paz se ha convertido en un peligro mortal para este Estado. No tendría que haber sido así. Pero durante décadas, sus dirigentes han llevado el país hacia un callejón sin salida, un estado de excepción al que sólo la guerra continua puede dar apariencia de normalidad.


De niño encontré en un libro escolar alemán sobre Geografía de los años setenta un esbozo de las dos posibles soluciones del conflicto: Convertir el territorio de la histórica Palestina en un Estado “binacional” en el que todos los ciudadanos gozaran de los mismos derechos, o bien establecer dos Estados, uno para los judíos y otro para los palestinos, tal y como planteó la ONU en 1948, aunque llevándose el bando judio un territorio sustancialmente mayor que el originalmente adjudicado.

Curiosamente, el autor citado, israelí a juzgar por su apellido, se permitía el lujo de añadir que no creía en ninguna de las dos soluciones. Desde entonces he cavilado cuál era el futuro que sugería el ensayista. Obviamente era el de mantener el conflicto sin resolver.

La primera solución, por la abogan numerosos palestinos, pero también grandes intelectuales israelíes como Ilan Pappé, significaría el fin de Israel tal y como fue planteado por el sionismo hace un siglo: un hogar exclusivo (o casi) para judíos, o para lo que las autoridades de ese Estado entiendan como “judíos”. Sería simplemente un país más. Un país normal.

El sionismo fue un afán comprensible a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando estaban en boga las ideologías nacionalistas, decididas a construir Estados con una única “etnia”, alemana, húngara, turca, armenia, kurda… Que el mito bíblico de una descendencia genética común del “pueblo” judío, míto comparable a la virginidad de María o la existencia eterna del Corán, se encuadrara en este nacionalismo como si fuera una realidad histórica, es una de las mayores paradojas de la Historia; sería el mayor ridículo que haya hecho la humanidad, si sus resultados no fueran tan sangrientos, si no se lo hubiesen tomado en serio Hitler y sus secuaces.

Pero tras un siglo de doctrina sionista, esta convicción de necesitar un “Estado judío” es tan arraigada que es imposible dar marcha atrás, argumenta Uri Avnery, gran camarada de Pappé en el Qué y gran adversario suyo en el Cómo. Queda la otra solución, la biestatal, fácil, rápida, al alcance de mano, aprobada por la comunidad internacional, por Estados Unidos, por la UE, por la Liga Árabe, por la Autoridad Palestina y, con ciertas reservas perfectamente superables, hasta por Hamas. De boquilla, incluso por Israel.

¿Por qué no se lleva a cabo, pues? ¿Por qué, en lugar de irse evacuando a los 250.000 colonos extremistas de los Territorios Ocupados de Cisjordania, primer paso para devolver una coherencia territorial a una futura palestina, el Gobierno de Israel financia y protege, con enormes fondos y mayores despliegues militares, estos asentamientos cuya existencia es un crimen de guerra según la Convención de Ginebra? ¿Por qué Israel se niega en las negociaciones a definir cuáles serán sus fronteras?

Porque el establecimiento del Estado palestino acabaría con la guerra. Y es lo único que Israel no se puede permitir: renunciar a la guerra.

Porque Israel no es un país normal. Ha elegido no serlo. Ha elegido ser un país exclusivo para un colectivo que por imperativo religioso se cree una “etnia” en lugar de saberse un colectivo religioso. Y que de tanto confundir etnia con religión, biología con biblia, cromosoma con dios, ha acabado bifurcado en una teocracia agnóstica.

“¿Ves a éstos? Los de negro. No, a éstos nunca los monto en autostop. Los odio. Muchísimo más que a… más que a los árabes no puedo decir, porque a los árabes no los odio”. El viejo kibbutznik Uri hizo un movimiento de mano hacia unos jóvenes en el arcén de la carretera, vestidos de negro, con sombreros negros sobre los rizos de las sienes. Ultraortodoxos. Haredim, se llaman en Israel.

Una secta nacida en la Europa oriental del siglo XIX, los haredíes eran los mayores adversarios del sionismo agnóstico, pero una vez establecido Israel fueron aprovechándose del atractivo económico de un Estado dedicado a subvencionar a todo judío que quisiera asentarse en su territorio. Tienen tanto en común con un israelí de Tel Aviv como un talibán afgano con un alemán, salvo que no abogan por la lucha armada. Por la lucha, sí: en sus barrios, nadie debe romper las normas que consideran judías. Con una media de seis o siete hijos por familia, sus barrios se extienden cada día, sobre una alfombra roja extendida por los políticos que cortejan su fuerza de votos.

No habrá que esperar hasta dentro de medio siglo, cuando según la curva demográfica serán mayoría. Mucho antes, numeroso israelíes laicos, hartos de que se les escupa a sus hijas si no van con manga larga en verano, se irán, primero de Jerusalén, luego del país. Tel Aviv quedará como un gueto de laicos, un reducto de quienes se consideran los herederos del sionismo verdadero, la ideología agnóstica, marxista, que quiso crear un “nuevo judío” sin rezos ni sombreros. “En el kibbutz nos duchábamos juntos chicos y chicas. Estos están poniendo playas separadas para hombres y mujeres”, decía Uri. El que los haredíes se hagan con el país fundado por quienes querían acabar de una vez por todas con los rabinos y las sinagogas, es otro de los tristes chistes de la Historia.

Uri sacó una conclusión: “Si los árabes fueran listos, se quedarían quietecitos unos años. Sin atentados suicidas. Entonces, sin esa continua presión de un enemigo común, empezaríamos a ocuparnos de nosotros mismos. Y nos daríamos cuenta de que nuestras sociedades son irreconciliables. Estallaría la guerra civil”.

Este diálogo tuvo lugar en 2001. Desde entonces han cesado los ataques suicidas. Cisjordania está quieta, aguantando en silencio los crímenes diarios de los colonos – criminales de guerra según la ley internacional – y sólo Hamas le daba un poco de esperanza a Israel, un poco de la violencia cotidiana que necesita para sobrevivir. Hasta que, a primeros de junio, se acabó lo que se daba: Hamas dio su acuerdo a un gobierno de unidad palestina, sin exigir siquiera una participación efectiva. La paz parecía a la vuelta de la esquina. ¡Alerta roja!

A todo eso, encima Irán, que tantas veces ha servido de espantapájaros para la esquiva paloma de la paz, con media Europa prediciendo por cuarta, quinta y sexta vez el ataque inmediato e inevitable, está ahora tomándose cafés en Viena, con Bruselas certificando una “buena atmósfera” en las negociaciones nucleares. La situación parecía desesperada.

Nunca sabremos quién dio días después la orden de secuestrar y asesinar a tres adolescentes israelíes en una carretera de Cisjordania, rodeada por unidades militares israelíes. Sí sabemos que el Gobierno israelí utilizó ese secuestro, ocultando que ya se había verificado la muerte de los jóvenes, para construir una campaña de odio contra “los árabes” que habría hecho sonrojarse a un fascista veterano y para lanzar una campaña de detenciones, robos, saqueos y asesinatos por toda Cisjordania. Sin éxito. Sólo tras un bombardeo aéreo que mató a siete miembros de Hamas, por fin la milicia de Gaza empezó a lanzar cohetes. ¡Eureka!

Por fin, Israel pudo volver a afianzarse. Mesarse los cabellos por estar obligada a “vivir bajo la amenaza yihadista”, invocar el “derecho a autodefensa”, ponerle sirenas de alarma como música de fondo al adoctrinamiento de los niños en los colegios y a las colectas de dinero en Estados Unidos – done un búnker – , en fin, volver a respirar con alivio.

Porque así funciona el círculo vicioso que mantiene con vida al Estado, a sus elites políticas, a sus industrias armamentísticas, a sus lobbies internacionales, a sus ciudadanos con tanta afición a la ceguera: Israel mata a unos cientos de palestinos, suscita algunas condenas internacionales, unas cuantas manifestaciones y con suerte, editoriales en la prensa, y puede afirmar con orgullo que “todo el mundo está en contra de Israel”. Y si todo el mundo está en contra de Israel, evidentemente la culpa es del mundo que no soporta la existencia de Israel y estará en contra de Israel para los siglos de los siglos, amén. De manera que toda cosa llamada Naciones Unidas y toda convención de Ginebra no son más que ardides para acabar con Israel, así que no cumplir con nada de lo que digan es la única vía recta para el pueblo elegido.

Lo del pueblo elegido sólo lo dicen los rabinos, desde luego. Los ministros se contentan con invocar la divinidad del “antisemitismo”, en cuyo altar se sacrificarán cientos de niños palestinos. Porque sólo el Antisemitismo, con mayúscula, es lo que justifica la existencia de un país declarado “hogar judío”.

Si este círculo vicioso se rompiera, se podría descubrir que en el último medio siglo, el mundo ha aprendido a prescindir de mitos bíblicos y que el concepto de un Estado “étnico” no es acorde a la Carta de Derechos Humanos. Que los fundamentos del sionismo – la ficción bíblica de que un tal Dios prometió a “los judíos” una tierra situada entre Jordán y Mediterráneo, y su derivado seudocientífico de un “pueblo judío” dispersado desde esta tierra por el resto de países – no son más que una estafa. Que Israel es un anacronismo.

Claro que la existencia de Israel se justifica, desde el punto de vista del derecho internacional, simplemente con su existencia: sería contrario a los derechos humanos de sus ciudadanos si alguien quisiera forzarles a disolver su Estado. Pero Israel no puede permitirse el lujo de reconocer el concepto de derechos humanos mientras insista en otorgar más derechos a un neoyorquino con abuela judía que a un nativo que no tenga abuela judía.

Tal y como está planteada ahora, Israel es un Estado imposible, porque sus ciudadanos no son quienes lo habitan sino quienes son afiliados de una religión determinada, aunque no se la crean siquiera. Es decir, sus ciudadanos son personas de todo el planeta siempre que así lo definan los rabinos de Israel: una especia de teocracia cósmica.

Esta paradoja quedará en evidencia y quedará en ridículo al firmarse la paz. Israel tendría que reinventarse como país democrático, es decir, renunciando al sionismo como ideología oficial. Algo que es más difícil con cada día que pasa, cada día en el que se adoctrina a los niños en el colegio, se les enseña a adorar las armas y saberse el pueblo elegido. De manera que el círculo vicioso ha de seguir.

Pero nadie se puede bañar dos veces en el mismo río de sangre y nada en el cosmos descríbe círculos: todo avanza en espiral. Una espiral de violencia que con cada nueva vuelta tendrá que ir a más para producir el mismo efecto de rabia, furia y odio en el resto del mundo y el mismo nivel de nacionalismo fanático entre sus ciudadanos, rodeados – eso creen – de hordas antisemitas. Entre ese nacionalismo fanático armado, dispuesto a quemar vivos a “los árabes”, y el fanatismo religioso de los haredíes, dispuesto a borrar a las mujeres hasta de las fotografías, se halla el futuro de Israel.

Donde acabará la espiral no es fácil de predecir. Pero no será un espectáculo bonito. En todo caso, su fin no será la desaparición del pueblo palestino. Será el suicidio de Israel.

viernes, 4 de julio de 2014

Juntos vivieron, juntos murieron

En la madrugada del 4 de julio de 1976, fueron asesinados en la Parroquia de San Patricio los sacerdotes de la comunidad palotina: Alfredo Leaden (57 años, delegado de la Congregación de los Palotinos Irlandeses), Pedro Duffau (65 años, profesor) y Alfredo Kelly (40 años, director del Seminario de Catequesis en Belgrano y profesor en el Colegio de las Esclavas del Santísimo Sacramento) y los seminaristas Salvador Barbeito (24 años, profesor de filosofía, psicología y catequista además de rector del Colegio San Marón) y Emilio Barletti (25 años profesor).

La noche del crimen, Luis Pinasco, Guillermo Silva y Julio Víctor Martínez vieron dos autos estacionados y ocupados frente a la Parroquia que les resultaba sospechoso. Martínez era hijo de un militar y pensó que podría tratarse de un atentado contra su padre, y denunció el hecho en la Comisaría Nº 37.

Respondieron con el envío de un patrullero al mando del Oficial Miguel Angel Romano quien habló con las personas de los vehículos para luego marcharse.

Horas más tarde Silva y Pinasco vieron cómo un grupo de personas con armas largas salían de los autos y entraban a la iglesia.

En la mañana, las personas que ingresaban a la Parroquia se encontraron con la mayor mayor tragedia de la Iglesia Católica Argentina: cinco cuerpos ensangrentados, boca abajo y alineados sobre una alfombra roja, al lado del cuerpo del seminarista Barbeito un dibujo de Mafalda que se encontraba en una de las habitaciones en el que el personaje señalando un bastón de policía decía "este es el palito abollar ideologías" y varias leyendas reivindicando la masacre: "Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M." siglas del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo.

Al día siguiente La Nacíon escribía: "Elementos subversivos asesinaron cobardemente a los sacerdotes y seminaristas. El vandálico hecho fue cometido en dependencias de la iglesia San Patricio, lo cual demuestra que sus autores, además de no tener Patria, tampoco tienen Dios".

En la misa celebrada por el padre palotino Roberto Favre valientemente expresó: "No puede haber voces discordantes en la reprobación de estos hechos. Tenemos necesidad de buscar más que nunca la justicia, la verdad y el amor para ponerlas al servicio de la paz... Hay que rogar a Dios no sólo por los muertos, sino también por las innumerables desapariciones que se conocen día a día... En este momento debemos reclamar a todos aquellos que tienen alguna responsabilidad, que realicen todos los esfuerzos posibles para que se retorne al Estado de Derecho que requiere todo pueblo civilizado.

Hubo varias investigaciones sobre la masacre. La de Iglesia, la del juez Guillermo Rivarola en los años 1976 y 1977, siendo el fiscal a cargo Julio César Strassera (que obviamente quedó en nad), la de 1984 a cargo de Néstor Blondi que finalmente declaró el delito perescripto y la más exhaustiva y confiable a cargo del periodista Eduardo Kimel.

No hay condenas, salvo para el periodista: una año de prisión en suspenso y 20.000 pesos-dólares a pagar al juez de la dictadura, Guillermo Rivarola, quien se sintió ofendido por lo que se puede leer en la página 125 de la segunda edición del libro "La masacre de San Patricio":

"El juez Rivarola realizó todos los trámites inherentes. Acopió los partes policiales con las primeras informaciones, solicitó y obtuvo las pericias forenses y las balísticas. Hizo comparecer a una buena parte de las personas que podían aportar datos para el esclarecimiento. Sin embargo, la lectura de las fojas judiciales conduce a una primera pregunta: ¿Se quería realmente llegar a una pista que condujera a los victimarios? La actuación de los jueces durante la dictadura fue, en general, condescendiente, cuando no cómplice de la represión dictatorial. En el caso de los palotinos, el juez Rivarola cumplió con la mayoría de los requisitos formales de la investigación, aunque resulta ostensible que una serie elementos decisivos para la elucidación del asesinato no fueron tomados en cuenta. La evidencia de que la orden del crimen había partido de la entraña del poder militar paralizó la pesquisa, llevándola a un punto muerto."

Condena que tras diez años, varias apelaciones y con la solidaridad de personalidades y organizaciones del ámbito nacional e internacional fue revertida un año después de la muerte de Kimel.

La causa fue reabierta y está a cargo del juez federal, Dr. Sergio Torres.

Un hecho colateral a esta masacre se produjo a raíz de la reacción de algunos miembros de la iglesia. Un mes después fue secuestrado Mariano Grondona, al liberarlo sus captores le indicaron que debía llevar un mensaje a los obispos: que si seguían tolerando a sacerdotes de izquierda "roseguirían los episodios como el de los palotinos y sufrirían una escalada hacia la jerarquía eclesiástica.

Grondona comunicó el mensaje al Nuncio Pío Laghi y al vicario castrense Monseñor Tortolo, pero no hizo denuncia alguna del secuestro ni puso el hecho en conocimiento de la justicia hasta 1984.

Hay mucho material respecto de este crimen, entre otros el documental 4 de Julio, la masacre de San Patricio:

lunes, 16 de junio de 2014

Maluco Brasil 2014

Por Carola Chávez
Tengo la tendencia a leer la prensa al revés. Desde hace años, aprendí, a golpes de realidad, a escrutar cada conjugación verbal, cada adjetivo, cada signo de puntuación cuando de noticias se trata.

Cuántas veces tomé un cafecito en una panadería abarrotada de clientes cafeteros  mientras leía en el periódico que no había café. Cuántos titulares apocalípticos, citando a genéricos expertos que anunciaban con amenazadores verbos condicionales pesadillas horrorosas por venir. Y el incauto que no preguntó ¿qué expertos?, ni leyó más allá del titular, porque el periódico se lee rapidito, en letras grandes y escandalosas; el pobre incauto sentado al lado de mi mesa, cuántas veces tomó el café que no había con manos temblorosas, esperando un horrendo desenlace que nunca llegó.

“Permítanos pensar por usted” es la filosofía de los grandes medios y pensando por nosotros, no para nosotros, imponen su agenda con vaselina, asignándonos y jerarquizando preocupaciones, definiendo héroes y villanos mientras usted revuelve su café.

Una foto dice más de mil palabras, pero los medios las titulan con dos palabras te ahorran el tiempo de pensar en las mil palabras que en esa foto puedes leer. ¡Brutal Represión! y una persona en medio de una humareda con cara de “¡Help“, sin más referencias, sin un contexto que te permita dudar. Imágenes similares en lugares distintos tituladas según la necesidad. Y es así como en Venezuela un encapuchado en una humareda es víctima de una ¡Brutal Represión!, mientras en España un encapuchado es un “Violento Antisistema”. Y lo ves y tu cerebro no dice ni pío porque, claro, alguien está pensando por ti.

Así hoy sabemos que el mundial de Brasil merece nuestra condena, por la explotación, la corrupción y el realero… Nada que ver con Dilma y su gobierno progresista, ni con las elecciones que vienen. Porque fíjate qué Waka Waka fue del Mundial de Sudáfrica que nadie dijo nada, no hubo fotos de negritos pobres protestando ni pasando hambre siquiera, aunque si te fijas en Brasil, ni negritos ni pobres son los que protestan, más bien se parecen a los que estaban en el estadio el día de la inauguración, pitando a Dilma desde sus asientos carísimos para mostrarle su rechazo por el desastre y la injusticia que supone este Mundial.

Y de la FIFA, ni pío, eso sí.

viernes, 13 de junio de 2014

Boudou

– ¿Quién?

– Boudou, el vicepresidente. Está complicadísimo, lo van a procesar y guarda que termina en cana antes del 2015.

– ¿El vicepresidente preso? ¡Esto es extraordinario! No creo que haya pasado jamás en la historia que a un vicepresidente lo metan preso durante su mandato. Pero, ¿qué hizo? ¿Mató a alguien?

– Se robó todo, el sinvergüenza. Bah, son todos unos chorros, pero a este lo pescaron, por suerte. Alguna vez tenía que pasar.

– Ah, pero tiene que haber sido un robo monumental para que termine preso... ¿qué se robó? ¿Un puente? ¿Una provincia?

– No, plata.

– ¿Cuánta plata?

– No sé cuánta, mucha.

– ¿A quién se la robó?

– Y... al Estado, seguro.

– ¿Al Estado? ¿Cómo lo hizo? ¿Embolsó dinero de los jubilados o de los hospitales, se quedó con algún vuelto o qué?

– Mmm... la verdad es que no sé muy bien como fue la cosa, pero sé que es un chorro bárbaro ese Boudou. Vive en Puerto Madero.

– Mucha gente vive en Puerto Madero. Lo que no comprendo es el tamaño del robo que puede terminar con un vicepresidente preso. No me lo puedo imaginar.

– Ya te dije, maestro: se afanó todo. ¡Todo!

– ¿Pero cuánto es "todo"? ¿Cómo y de dónde afanó? Si es un robo tan escandaloso tendríamos que saber los detalles y sin embargo ni vos ni yo, al parecer, los conocemos.

– Pero si está en todos los diarios. ¿No ves televisión vos?

– No mucha. Miro el fútbol y alguna película.

– Bueno, tendrías que mirar el noticiero de vez en cuando porque sino no te enteras de nada.

– ¿Y qué dice el noticiero? ¿Informaron ahí cuánto se robó?

– Este... me parece que no. No me acuerdo.

– Tampoco saben cómo, ¿verdad?

– Escuchame una cosa: ¿vos me estás tomando del pelo? Si ya lo van a procesar por corrupto, ¿qué importan los detalles?

– ¿No lo procesaron todavía? Debe ser porque justo falta averiguar esos detalles. Me parece medio difícil que un juez dicte sentencia diciendo «este es ladrón» y nada más, sin dar los detalles del caso. Algo de derecho sé.

– Ah... ya entendí, vos lo estás defendiendo al chorro este.

– No, para nada. Pero me parece que van a tener que probar que es culpable de algo antes de condenarlo. Y la verdad es que sin conocer los detalles va a ser medio difícil.

– ¡Qué ingenuo que sos, hermano! Los políticos tienen los mejores abogados, no permiten que prueben nada y todo termina en la nada. ¿No viste a Menem? Hay que actuar rápido para que no pueda escapar.

– ¿Condenarlo rápido sin pruebas?

– ¿Querés más pruebas? ¡El tipo vive en Puerto Madero, hasta jacuzzi tiene en la oficina!

– Bueno, entonces devolvémela.

– ¿Qué cosa?

– La billetera que me sacaste del bolsillo recién. Devolvémela ya o llamo al policía ese que está en la puerta.

– Pero si no te saqué ninguna billetera... ¿estás loco?

– No, loco no estoy. Voy a actuar rápido para que no puedas escapar.

– Si no tengo tu billetera encima...

– Es que eso es un detalle. Con el escándalo que voy a hacer, va a tardar un rato averiguarlo cuando lleguemos a la comisaría...

Me agarró del brazo, pálido como un papel, y me miró atentamente durante unos dos segundos, tratando de adivinar si estaba loco o si le hacía una broma. En el instante eterno que duró esa duda, entendió de golpe el principio de presunción de inocencia, por el que toda persona debe ser considerada inocente mientras no se demuestre lo contrario.

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Hasta acá un texto que circula en la web y cuyo autor desconozco que representa un diálogo que puede ser escuchado en cualquier lado.

En lo personal me pasa que leo y a pesar de ponerle garra no me siento en condiciones de opinar sobre la cuestión. Me refiero a lo judicial. Me faltan conocimientos técnicos, legales, y vaya a saber cuantos más.
 
Lo entiendo desde lo político que, como ya sabemos, a la señora de ojos vendados es una cuestión que no le interesa ni la influye.
 
Quienes ya tienen su veredicto de culpablidad, sostienen que nada tiene que ver con lo político, pero hasta ahora ninguno de ellos me ha podido explicar la causa y los motivos de su fallo doméstico. La tienen clarísima, pero cuando pregunto con buena leche por que evidentemente ven algo que a mi se me pasa, me tiran datos sueltos y argumentaciones políticas como para hacer dulce, pero ya sabemos que a la señora de ojos vendados y a los jueces amateurs, la política ni les interesa ni los influye.

domingo, 1 de junio de 2014

Los "analistas" y el Club de París

"Hoy, este anuncio se parece al humo de la negociación con el Club de París". José Luis Espert, 26 de Enero de 2014.


"Está yendo a la reunión sin una negociación avanzada, estas reuniones deberían ser para terminar un acuerdo". Miguel Kiguel, 24 de mayo de 2014.


"Concluye en otro fracaso la intención de obtener un apoyo del Club de París".  Jorge (José Saúl) Altamira (Wermus), 22 de Enero de 2014.


"Ahora no sé si existe esa misma predisposición para lograr inversiones". Martín Lousteau, 24 de Mayo de 2014.


"La conclusión general es que difícilmente el ministro pueda lograr un acuerdo en un par de días". Martín Kanenguiser, 24 de Mayo de 2014.


"La economía sufre la impericia política del gobierno, un ejemplo es Kicillof con el Club de Paris".  Ernesto Sanz, 23 enero 2014.


"No es gratis haber prometido que se iba a arreglar con los acreedores del Club de París y después no hacer nada". Roberto Lavagna, 31 de agosto de 2013.


"Veo muy verde un acuerdo con el Club de París, el ministro llega a una nueva reunión sin nada de avance".  Jorge Todesca, 23 de mayo de 2014.


"El Club de París le dijo a Kicillof. Nene, andate y volvé cuando crezcas". Jorge Lanata, febrero de 2014.


"Sería inédito si la Argentina lograse sacar al FMI del medio". Gullermo Nielsen, 23 de mayo 2014.


"La propia reacción del organismo revela que allí no cayeron bien sus aires de profesor de economía".  Alcadio Oña, 23 de enero 2014.

"El ministro ni siquiera sabe lo que fue a negociar". Alfonso Prat Gay, 22 de enero de 2014.


"Me da la impresión que es una cosa difícil eso de ir a pagar con bonos". Carlos Melconian, 22 de enero de 2014.


Fuente: Aníbal Fernández

sábado, 31 de mayo de 2014

"... sino podes pagar cerrá la estancia..."

El Estatuto del Peón fue una de las medidas sociales de mayor trascendencia del peronismo. Su sanción, por decreto 28.169, en octubre de 1944, señala el comienzo de la protección legal del trabajador rural.

El entonces Coronel Perón recibe una queja: "la primer carta que recibí fue la de mi madre. Me dice te has vuelto loco no vamos a poder pagar los sueldos, y yo le dije: vieja, sino podes pagar cerrá la estancia".

Con esta anécdota resumió su posición frentre a los derechos laborales de los trabajadores del campo.

Aunque la oposición más contundente la recibió por parte de la Sociedad Rural: "El Estatuto del Peón no hará más que sembrar el germen del desorden social, al inculcar en la gente de limitada cultura aspiraciones irrealizables, y las que en muchos casos pretenden colocar al jornalero sobre el mismo patrón, en comodidades y remuneraciones (…) En la fijación de los salarios es primordial determinar el estándar de vida del peón común. Son a veces tan limitadas sus necesidades materiales que un remanente trae destinos socialmente poco interesantes (…) La vida rural ha sido y debe ser como la de un manantial tranquilo y sereno, equilibrado y de prosperidad inagotable".

Manatial de tranquilidad, serenidad, equilibrio y prosperidad para uso exclusivo de los patrones. Ese ha sido, es y será el espíritu de los "señores de la tierra".

El trabajo que viene realizando el RENATEA (Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios) nos lo viene demostrando.

De un operativo reciente se conoce que "27 trabajadores fueron relevados y, en cinco establecimientos, detectó condiciones irregulares de registración. En los otros dos, además de trabajo no registrado, se hallaron situaciones de extrema precariedad".

"En el establecimiento 'La Hoyita', de la empresa 'Las Margaritas S.A.', propiedad de Leonor Barbero Marcial viuda de Etchevehere, dos trabajadores no registrados vivían en unidades sin energía eléctrica, agua potable y baños. Son analfabetos, no tienen acceso a recibos de sueldo y prestaban servicios como peones generales por 450 pesos mensuales", denunció el organismo público.

También ese personal declaró cumplir tareas bajo "las órdenes de la familia Etchevehere desde el 14 de junio de 1976", por lo que según la Ley 26.727 de empleo agrario están en edad de jubilarse.

Otros dos trabajadores fueron hallados en ese establecimiento en situaciones irregulares; un encargado de estancia jubilado que afirmó percibir una remuneración de 2.000 pesos mensuales, y su hijo de 18 años, quien dijo trabajar desde los 13, no estar en blanco y cobrar 1.050 pesos por tareas dos días a la semana.

Una segunda inspección en la estancia "Las Margaritas", (la misma razón social, "Las Margaritas S.A."), halló trabajadores no registrados, uno de los cuales es analfabeto y cumple labores hace más de 20 años en diferentes establecimientos de la empresa.

"Uno de los trabajadores dijo que cuando le van a pagar le llevan un papelito para que le firmen, pero como no sabe leer ni escribir no firma porque no sabe qué está firmando; en tanto que ambos manifestaron que utilizaban sus propios caballos para trabajar de troperos en el manejo de 700 animales", explicaron desde el organismo.

De forma independiente de las acciones administrativas realizadas por el Renatea contra el empleo no registrado y la ausencia de libreta de trabajo agrario, "las situaciones configuran la presunción de reducción a la servidumbre, por lo que se presentó la denuncia en la Fiscalía de Primera Instancia 2 de Paraná". (Fuente: Telam)

Recordemos que a la familia que tenía en estas condiciones a sus trabajadores pertenece el Presidente de la Sociedad Rural Argentina Luis Miguel Etchevehere.

El mismo que dijo en julio del año pasado: "el mundo no se nos cayó encima, señora Presidenta. Su gobierno dilapidó esas oportunidades, y malgastó en subsidios, politiquería barata, prácticas populistas, corrupción y propaganda (...) elimine las trabas y deje que los mercados funcionen normalmente y volveremos a sembrar trigo, volveremos a sembrar maíz".

El que la semana pasada aseguró: "este es un gobierno depredador".

El clan además está siendo investigado penalmente por el delito de administración fraudulenta por el supuesto redireccionamiento del dinero de un préstamo millonario del Banco Itaú al que accedió Las Margaritas hacia otra compañía del mismo grupo, Construcciones del Paraná S. A., algo que está prohibido por la Ley de Sociedades Comerciales y penado como defraudación en el Código Penal.

En cuanto a balances vendrían flojos de papeles: 5000 hectáreas en Entre Ríos, 3500 cabezas de ganado, cultivan soja, trigo y poseen un tambo, pero en 2010 declararon haber ganado sólo 103 mil pesos.

 ¡Linda familia los Etchevehere!

sábado, 24 de mayo de 2014

Imaginate

Por
Carlos Balmaceda
Imaginate un tipo que se cría en una familia conservadora, que podría haber tenido toda una carrera política en ese sector, pero elige ser radical yrigoyenista.
 
Imaginate un tipo que podría haber sido abogado, pero protagoniza una de las revueltas estudiantiles más grandes de la historia, la Reforma Universitaria, y entonces pierde la ocasión de convertirse en un próspero hombre de leyes.
Imaginate un tipo que cuando lo derrocan a Yrigoyen, sale revólver en mano a defenderlo.
 
Imaginate a un tipo que podría haber sido diputado radical alvearista, pero abandona la U.C.R. y forma una fracción a la que los medios y los mismos partidos políticos de la década del ’30, la hacen a un lado.
 
Imaginate que en medio de este aislamiento, esta fracción radical organiza miles de actos relámpago, que escuchan unos pocos por las calles, aunque esos actos y los documentos que produce este grupo se convierten en una de las pocas resistencias a la “década infame”.

Imaginate que las líneas principales de esa agrupación, son retomadas por el siguiente movimiento nacional que se impone en la década del ’40, el Peronismo.
 
Imaginate un tipo que termina siendo presidente del Banco Provincia de ese gobierno.

Imaginate un tipo que no quiere ser un alcahuete de Perón y critica algunas líneas de ese gobierno, y que por eso termina alejándose.
 
Imaginate un tipo que apenas cae Perón, está en la primera línea de fuego para recibir los cachetazos de la dictadura militar del ’55: exilio, proscripción, interdicción de sus bienes.
 
Imaginate un tipo que no bien se instala esta dictadura, desafía al ministro de Economía a un debate, sin ser economista.
 
Imaginate que el ministro se niega al debate y este tipo expone en un diario casi clandestino su posición con una claridad que asombra, sobre todo porque el tipo no es economista.
 
Imaginate a un tipo que describe el proceso histórico por el cual nuestras propias cabezas creen que la historia ha sido de una manera y por eso tienden a repetirla.
 
Imaginate a un tipo que devela mitos, engaños, mentiras; que descubre los mecanismos del poder que sostienen determinados proyectos en la mismísima enseñanza de la historia en las escuelas.
 
Imaginate a un tipo que usa el humor, la polémica, los datos rigurosos, los ejemplos, para explicar cómo el poder premia, desprestigia, anula, entroniza.
 
Imaginate al ex ministro desafiado por este tipo, modificando sus posturas, reconociéndole el mérito a la ideología de su oponente, y dedicándole un libro a “mi adversario no correspondido”.

Imaginate a un tipo que devela los mecanismos de distracción e intereses creados con una vigencia que asombra. Para dar un ejemplo: "El periódico depende, en cuanto es empresa poderosa, en primer término, del grupo financiero dueño de su capital, en segundo término de los avisadores y en su conjunto, de la estructura económica que domina, dirige y orienta la estructura social y política vigente en el país en que apareceLa prensa independiente no existe y la independencia es una máscara para hacer pasar la mercadería de contrabando como agua corriente incolora, inodora e insípida para que el estómago del lector no se prevenga defensivamente".
 
Imaginate a un tipo que cuando vuelve el peronismo al poder, está ahí, dirigiendo la Editorial Universitaria de Buenos Aires.

Imaginate a un tipo que casi como una cargada, después de haber develado las mentiras de un "Samiento que nunca faltó a la escuela" o los paraguas y la lluvia del 25 de mayo de 1810, se muere en esa fecha, en un día de lluvia. 

Cuesta imaginar un tipo así, tan entero de principio a fin.
 
Pero existió.
 
Ese tipo se llamó Arturo Jauretche, y mañana se cumplen 40 años de su muerte.


domingo, 6 de abril de 2014

Así te comen el coco...


... y los informados lectores de títulos lo viralizan.

 Varios medios digitales bajo el título "Darán una pensión permanente de $8.500 pesos al ladrón linchado en Palermo" se hacen eco de una nota de Infobae donde resume una entrevista a Mario Juliano (Camarista de Necochea y director de la ONG Pensamiento Penal) donde nada dice de pensiones.

Podríamos pensar que esos medios descubrieron algún tipo de información adicional... pero no. Salvo en el título, en ningún lugar de la nota hace mención a pensión alguna. Lo hacen descaradamente, tal vez muy conscientes de que hay muchos (demasiados) lectores que con el título ya se sienten lo suficientemente informados.

Ahora bien, ¿los medios que titulan mentirosamente lo hacen de mala leche? Si. Pero también hay una cuestión de dinero por lo que hasta se prodría calificar de estafa. Con un título-gancho se garantizan muchas entradas al sitio y éstas hacen subir la cotización de la publicidad. Si reparamos en la imagen, vemos que arriba a la derecha hay una publicidad de Massa.

Las redes sociales hacen el resto. Los anti-todo, militantes de la queja y la indignación se regodean con las noticias que validan su descontento y frustración y la echan a correr sin lectura previa, sin chequeo, ni siquiera un somero análisis que les permita darse cuenta que en alguna de las versiones le atribuyen la responsabilidad de la supuesta pensión a un detenido en Palermo (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) a un camarista de Necochea (Provincia de Buenos Aires).

La "noticia" en sus diferentes variaciones con las que me crucé lleva al momento de escribir esto, unas 17.500 irresponsables réplicas sólo en Facebook.

martes, 1 de abril de 2014

Retrocedimos más de 3774 años

El Código de Hammurabi es como el primer Código Penal conocido. En él se establecen escalas punitorias dependientes del delito cometido conocidas como Ley del Talión o de "ojo por ojo, diente por diente".

El objetivo era poner limitaciones a la venganza desmesurada y sin límites, y a la intensidad del castigo infringido. Pues en esa época sin ley, a menudo los castigos por delitos menores eran desmesurados y por un insulto se podía llegar a ejecutar a una familia entera.

Los hechos ocurridos recientemente (el más grave terminó en un homicidio) hace que como primer pensamiento se me ocurra que si tuviera que compartir una celda, preferiría hacerlo con un chorro (comprobado o sospechado) y no con alguno de los perversos torturadores que son capaces de atacar en banda y patear en el piso a alguien que ya está neutralizado, siguiendo y turnándose para que nadie se quede con las ganas hasta quebrarle varios huesosm entre ellos el cráneo de manera tal que pierda masa encefálica. ¿Crudo, no?

Sólo escribirlo me dá nauseas, siento vergüenza y miedo. Y me pregunto: ¿como se sentirán los homicidas de David? ¿Cómo mirarán a la cara a los que lo quieren y respetan?

¿Cuantas veces habrán dicho "te matan por un par de zapatillas", o "el que mata tiene que morir"? Señores y señoras: en el caso de David ustedes mataron (supuestamente) por una cartera... ¿y ahora? ¿Quien debería matarlos? ¿Y a los que los matan a ustedes? ¿Y a los siguientes... y a los siguientes?

A nadie le gusta que le roben, entiendo que cuando hay que reducir a alguien que comete un delito no se le dice "señor ladron, podría entregarme el arma y tirarse en el piso con las manos en la nuca hasta que llegue el patrullero?". Es inevitable el ejercicio de la violencia, pero es de buenas personas, de personas civilizadas, de personas creyentes... que la violencia llegue hasta la reducción. Cualquier adicional (por mínima que sea) es perversión y no te hace mejor que lo que repudiás, muy por el contrario.

Los linchamientos son la materialización del "hay que matarlos a todos" y otras expresiones. Creo (y espero) desde la liviandad, ya que lo he escuchado de personas que no me imagino asesinando a nadie, pero que con el silencio o directamente con los dichos los justifican, haciéndolos de alguna manera, cómplices.
Silencios, dichos y justificaciones que a fuerza de repetición se terminan instalando e incorporándose en las mentes más violentas y/o débiles.

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