miércoles, 16 de junio de 2010

A 55 años del mayor atentado terrorista de la historia argentina

16 de junio de 1955

6:00 AM En la base aeronaval de Punta de Indio los militares sediciosos ya estaban preparados para iniciar el bombardeo sobre la Casa Rosada con el objeto de asesinar al General Perón.

9:00 AM Despegan y las condiciones meteorológicas obligan a los aviones a cruzar hasta el Uruguay. Sobrevuelan la ciudad de Colonia durante varias horas a la espera de que mejoraran las condiciones del tiempo.

12:40 PM El capitán de fragata Néstor Noriega da la orden de bombardear. La primera bomba la tira él. Cae sobre la plaza. En ese mismo instante, un trabajador de la Aduana, Juan Carlos Marino, que viajaba todos los días desde Morón a Buenos Aires, asomaba en la salida del subte que da sobre la plaza. Es alcanzado por una esquirla y es el primer trabajador en caer asesinado.

3:00 PM Segundo bombardeo.

La aviación naval contaba con seis aparatos Beechcraft armados con una bomba de cien kilogramos cada uno.

Detrás de estos aviones una formación de North American, al mando del capitán de corbeta Santiago Sabarots, integrada por catorce aparatos con cuatro bombas de cincuenta kilos, hicieron la segunda pasada. También actuaron algunos aviones a reacción de la Fuerza Aérea.

Los sediciosos, en la madrugada, habían ocupado el aeropuerto de Ezeiza para reabastecerse de combustible y armamento, donde se suman tres aviones Catalinas que habían despegado de la base Comandante Espora, aunque según varios investigadores dos de los pilotos de estos aparatos se negaron a bombardear. En ese segundo raid participan los Gloster Meteors de la Aeronáutica.

El oficial De la Vega, que toma la base aérea de Morón, es el jefe de los aviadores que aportan los Gloster, los aviones a reacción más poderosos que tenía la Argentina. Éste sería el verdadero bautismo de fuego de la Fuerza Aérea, y no en Malvinas como pretende la historia oficial.

Unos trescientos hombres de la Infantería de Marina, al mando del capitán de fragata Juan Carlos Argerich, avanzaron desde el Ministerio de Marina (donde hoy funciona la sede de la Prefectura) hacia la Casa Rosada.

La heroica resistencia de los granaderos pronto los puso en retirada. Hay un dato para subrayar: los infantes de Marina contaban con armamento moderno de origen belga, que había ingresado en el “Bahía Tetis”, en el por entonces buque escuela de la Armada, y que secretamente fue desembarcado en el apostadero de Río Santiago, lugar donde funciona la escuela de oficiales de la Marina y que en ese entonces dirigía Isaac Rojas.

Cayeron en el enfrentamiento quince granaderos que con sus viejos fusiles Máuser de un tiro repelieron el ataque. Recién al cumplirse cincuenta años de estos hechos el Ejército, a través de su jefe, el general Bendini, los recordó y les hizo un homenaje.

Los terroristas tenían entre 22 y 23 años. Se sentían una suerte de cruzados. Sobre el fuselaje de sus aeronaves habían inscripto la insignia Cristo vence, con una “V” y en el centro de ella una cruz, un signo que luego el peronismo transformará para hacerlo propio, con la “V” y la “P” de Perón para significar su retorno, la lucha, la resistencia peronista. Un símbolo de varias generaciones.

Matar a Perón e instalar un gobierno cívico militar era el objetivo. Además del Ejército, la Marina y la Aeronáutica, muchos civiles participaron de la masacre.

Días antes, el 11 de junio en la procesión del Corpus Christi, la oposición, a través de la cúpula de la iglesia católica moviliza unas cien mil personas. No sólo católicos sino también radicales unionistas, socialistas, el partido comunista e incluso muchos ateos confesos. La marcha termina en el Congreso, donde se quema una bandera argentina para apagar una de las lámparas votivas del parlamento. Fue el germen.

Aquel 16 de junio los denominados "Comandos Civiles" rodearon la Plaza de Mayo al mando de Mario Amadeo.

Políticos como el unionista Zavala Ortiz, funcionario años después de Artuto Illia, el conservador Adolfo Bichi y el socialista Américo Ghioldi, embajador del Proceso en Lisboa y que ya había participado en el alzamiento del año ´52 contra Perón se preparaban para formar parte del nuevo gobierno.

El apoyo universitario estuvo a cargo de Alvaro Morales. Se destacaba en la célula de los Comandos en la Facultad de Derecho un estudiante: Mariano Grondona.

El apoyo logístico en Uruguay contaba con la presencia, además de Ghioldi, de Carlos Suarez Mason recibiendo a los terroristas que se exiliaban. Uno de ellos: Osvaldo Cacciatore.

Los pilotos que participaron en el bombardeo eran: el capitán de fragata Noriega, los capitanes de corbeta De la Canal, Pérez y Gambier, el teniente de navío Massera, los tenientes de corbeta Richmond, Kelly, Moya y Gentile, los tenientes de navío Garavaglia, Sanguinetti, Kiernan y Orsi, los tenientes de fragata García, Mac Dougall y Miranda, los guardiamarinas Pedroni, Grondona, Reindl y Larrosa y el suboficial Aguilar.

De la Fuerza Aérea participaron los tenientes primeros Martin y Carus y el teniente Soto.

Es Carlos Enrique Carus el que luego de la rendición de los sediciosos y con unos treinta mil trabajadores autoconvocados en defensa del gobierno del General, arroja los tanques suplementarios de combustible, lo que explica los cadáveres carbonizados como si se hubieran arrojado bombas de Napalm.

Se lograron identificar fehacientemente, con nombre, apellido y número de documento unos 350 muertos y 700 heridos. Se presume que ambas cifras son mayores.

A ellos: mi emocionado homenaje.

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