martes, 1 de abril de 2014

Retrocedimos más de 3774 años

El Código de Hammurabi es como el primer Código Penal conocido. En él se establecen escalas punitorias dependientes del delito cometido conocidas como Ley del Talión o de "ojo por ojo, diente por diente".

El objetivo era poner limitaciones a la venganza desmesurada y sin límites, y a la intensidad del castigo infringido. Pues en esa época sin ley, a menudo los castigos por delitos menores eran desmesurados y por un insulto se podía llegar a ejecutar a una familia entera.

Los hechos ocurridos recientemente (el más grave terminó en un homicidio) hace que como primer pensamiento se me ocurra que si tuviera que compartir una celda, preferiría hacerlo con un chorro (comprobado o sospechado) y no con alguno de los perversos torturadores que son capaces de atacar en banda y patear en el piso a alguien que ya está neutralizado, siguiendo y turnándose para que nadie se quede con las ganas hasta quebrarle varios huesosm entre ellos el cráneo de manera tal que pierda masa encefálica. ¿Crudo, no?

Sólo escribirlo me dá nauseas, siento vergüenza y miedo. Y me pregunto: ¿como se sentirán los homicidas de David? ¿Cómo mirarán a la cara a los que lo quieren y respetan?

¿Cuantas veces habrán dicho "te matan por un par de zapatillas", o "el que mata tiene que morir"? Señores y señoras: en el caso de David ustedes mataron (supuestamente) por una cartera... ¿y ahora? ¿Quien debería matarlos? ¿Y a los que los matan a ustedes? ¿Y a los siguientes... y a los siguientes?

A nadie le gusta que le roben, entiendo que cuando hay que reducir a alguien que comete un delito no se le dice "señor ladron, podría entregarme el arma y tirarse en el piso con las manos en la nuca hasta que llegue el patrullero?". Es inevitable el ejercicio de la violencia, pero es de buenas personas, de personas civilizadas, de personas creyentes... que la violencia llegue hasta la reducción. Cualquier adicional (por mínima que sea) es perversión y no te hace mejor que lo que repudiás, muy por el contrario.

Los linchamientos son la materialización del "hay que matarlos a todos" y otras expresiones. Creo (y espero) desde la liviandad, ya que lo he escuchado de personas que no me imagino asesinando a nadie, pero que con el silencio o directamente con los dichos los justifican, haciéndolos de alguna manera, cómplices.
Silencios, dichos y justificaciones que a fuerza de repetición se terminan instalando e incorporándose en las mentes más violentas y/o débiles.

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