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lunes, 19 de noviembre de 2012

Los sonidos de las cacerolas

Por Ricardo Aronskind
Economista, UNGS-UBA
El programa económico del 8N

La derecha argentina tiene un programa, que no hace explícito, pero que aparece en todas y cada una de sus declaraciones. Hemos realizado una recopilación de los puntos que permanentemente aparecen en el discurso de economistas, medios de comunicación y empresarios de derecha. Cuando se agrupan todas esas demandas aparece un cuadro dantesco, desconocido por la mayoría de los argentinos, y de los caceroleros. Ahora se entiende más por qué el núcleo social más hostil al Gobierno no hace pública su propuesta. De implementarse ese inconfesable programa, la vuelta al 2001-2002 sería inevitable. Vale la pena que todos sepamos qué cosas están en juego en el país y qué futuro le espera al país de darse una restauración neoliberal.

1- Libertad cambiaria
2- Libertad de precios
3- Libertad comercial
4- Eliminación de las distorsiones impositivas
5- Reducción de la carga fiscal
6- Reducción del gasto público
7- Reducción de la inflación
8- Arreglo con los acreedores externos
9- Acuerdos de libre comercio
10- Creación de clima de negocios

Traducción al castellano:

1- Venta libre de dólares baratos por parte del Estado hasta agotar las reservas, para todo uso. Resultado: incremento de la fuga de capitales provenientes de la evasión impositiva. Reaparición de la especulación cambiaria como actividad central de la economía. Si se terminan las reservas, megadevaluación y aumento generalizado de precios, con brusca caída salarial y aumento del desempleo. Enriquecimiento de los tenedores de dólares y empobrecimiento del país.

2- Eliminación de todo tipo de regulación, indicación o presión oficial para contener el alza de los precios. Resultado: alza generalizada de precios, por las dudas, y porque “todo sube”. Contracción de la demanda y de la actividad económica. Quiebra de pequeñas empresas.

3- Eliminación de toda restricción a las importaciones. Tiene que entrar de todo, incluidos productos suntuarios, para el sector ABC1. Apertura importadora “al mundo”. Resultado: si no alcanzan los dólares para importar productos imprescindibles, e insumos para la producción, o se reduce la producción, generando una recesión, o hay que pedir préstamos en el exterior. Comienza nuevamente el endeudamiento externo.

4- Reducción o eliminación de las retenciones. Eliminación del impuesto al cheque. Resultado: desfinanciamiento del Estado y ultra-rentabilidad para el sector agrario exportador. Si le faltan recursos al Estado, que reduzca el gasto público. Si eso genera recesión y desempleo, mejor, porque eso tranquiliza las presiones salariales. Mejoramiento del “clima de negocios”.

5- Bajar los impuestos a las ganancias, a la renta presunta, a los bienes personales y a la propiedad inmobiliaria. Resultado: más riqueza en manos de los ricos, menos ingresos para el Estado y, por lo tanto, menos capacidad de hacer políticas públicas. Si quiere seguir gastando, el Estado tendrá que pedir préstamos externos. Para conseguir esos préstamos, tendrá que arreglar con los fondos buitre y el Club de París. Los desembolsos que exigen reducirán fuertemente las reservas del Banco Central y volverán al Gobierno fácilmente presionable por los sectores financieros. Mejoramiento del “clima de negocios”.

6- Reducción del gasto público: corte drástico de subsidios a la energía y el transporte; reducción de los planes de obras públicas; congelamiento de las asignaciones universales por hijo y las jubilaciones. Despido de personal del Estado nacional, provincial y municipal. Resultado: brusco incremento de la pobreza, la indigencia y el desempleo. Fuerte aumento de la conflictividad social y la violencia. Contracción del mercado interno. Quiebras en el sector productivo y en la comercialización. Mejoramiento del “clima de negocios”.

7- Corte del crédito a la producción y el consumo y de la expansión monetaria. Incremento de la tasa de interés doméstica. Resultado: drástico desfinanciamiento del sector productivo y comercial. Caída de las ventas y contracción de la actividad económica. Recesión e incremento del desempleo. Se reduce modestamente, pero continúa, el aumento de precios. Mejoramiento del “clima de negocios”.

8- Se aceptan plenamente todos los reclamos de los acreedores del país, en las condiciones y plazos que establezcan. Resultado: drástica reducción de las reservas y estallido de corridas cambiarias y bancarias. Se vende el resto de las reservas sin poder frenar las corridas. Cierre y caída de bancos. Colapso de la actividad económica. Argentina es elogiada “en el mundo”. Devuelven la Fragata Libertad. Mejoramiento del “clima de negocios”.

9- Argentina firma un tratado de libre comercio unilateral con Estados Unidos, otro con la Unión Europea y otro con China. Resultado: desaparición de la industria nacional e incremento de la desocupación estructural al 30 por ciento de la población. Flexibilización laboral extrema para el resto. Se deteriora dramáticamente la seguridad en las grandes ciudades. Aumenta el gasto en seguridad privada. En los shoppings se consigue “de todo”. Argentina es elogiada “en el mundo”. Mejoramiento del “clima de negocios”.

10- El Gobierno acepta todas las peticiones de los empresarios locales y externos y de los organismos financieros internacionales. Desmantela los organismos de regulación y control y recibe sin condiciones toda inversión en el país. Elimina la restricción a la compra de tierras por parte de extranjeros. Libre remisión de utilidades. Resultado: incremento exponencial del lavado de dinero proveniente de actividades criminales de todo el planeta. Ingreso masivo de capital especulativo, que sirve para financiar la fuga de capitales y las remesas de utilidades del capital extranjero. Si algún dólar queda, sirve para incrementar el valor de la moneda local, favoreciendo las importaciones y deteriorando la capacidad exportadora. Inversión de firmas multinacionales en recursos naturales, que son exportados en bruto al resto del planeta. Argentina es elogiada “en el mundo”. Mejoramiento del “clima de negocios”.


lunes, 5 de noviembre de 2012

Dólar: control y administración de divisas

Por Alfredo Zaiat
Adelanto del libro Economía a Contramano.
Las seis corridas  en el Gobierno de CFK,
la fuga de capitales y el atesoramiento en dólares
Por qué, cuántos y quiénes compraron

El control y administración de divisas fue el desenlace de una muy fuerte corrida cambiaria que buscaba una brusca devaluación. El listado de las primeras veinte personas y veinte empresas que más dólares compraron entre el 1º de enero y el 31 de octubre de 2011, previo al nuevo régimen.

En Brasil, cada persona solo tiene en promedio 6 dólares en billetes; en Argentina, 1300, según el registro oficial de 2005, y en 2012 habría alcanzado el record de 2000 dólares per cápita. Esta anomalía de la economía argentina convierte al dólar en una variable que excede la cuestión económico-financiera, para ser un factor político y de presión sectorial. El dólar es un vehículo de disciplinamiento social y de orientación de expectativas económicas, abonadas por décadas de inestabilidad, golpes de mercado y fuertes devaluaciones.

Tanta tensión alrededor de esa moneda genera las condiciones para la dispersión de variados rumores sobre la cotización futura y de la economía en general. La fortaleza o debilidad que tuvo un gobierno para intervenir en el mercado cambiario fue definiendo su destino. El de Raúl Alfonsín fue barrido por un golpe de mercado en 1989, mientras que el de Fernando de la Rúa se desmoronó en 2001 con arcas del Banco Central exhaustas por haber intentado mantener la convertibilidad.

Esta última experiencia probó que el Banco Central debe tener una importante cantidad de reservas internacionales como dique defensivo a los intentos de instalar un escenario de incertidumbre y gobiernos frágiles. Además, sirve para enfrentar, con éxito, corridas cambiarias.

Durante los años del kirchnerismo hubo varias corridas. En especial, el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner registró seis muy intensas. La primera fue en los meses previos a las elecciones presidenciales, que ganó. Fue el preaviso de lo que vino después. Todas las corridas fueron desarticuladas por la política preventiva de haber acumulado reservas en cantidad en el Banco Central, hasta que la última la frenó recuperando mecanismos de control y administración de acceso a divisas. Esto no inhibió a economistas de la ortodoxia a mantener la insistente prédica sobre el inminente peligro de una devaluación y a proclamar durante todos esos años que no había tantas reservas como se informaba, con el deliberado objetivo de distorsionar la realidad y horadar una base fundamental de estabilidad cambiaria.

La intensidad y la duración de la fuga hacia el dólar fueron impactantes. En 30 de los 48 meses del primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se registraron fuertes ventas de dólares del Banco Central para enfrentar seis corridas. Sólo en tres meses de ese período el saldo fue negativo en la cuenta formación de activos externos del sector privado, o sea que no hubo fuga.

La primera corrida fue durante el tercer trimestre de 2007, cuando comenzó la crisis financiera en Estados Unidos. Luego ocurrieron dos durante el año siguiente. En marzo, a partir del conflicto del sector agropecuario con el gobierno nacional, y en septiembre, cuando el sistema financiero en Estados Unidos tuvo un fuerte impacto con la quiebre de Lehman Brothers. Al mes siguiente se precipitó la cuarta gran corrida desde el momento del fin del negocio especulativo de las AFJP hasta la derrota oficial en las elecciones de medio término, en 2009. Después, en enero de 2010, se desencadenó la crisis por el recambio de autoridades en el Banco Central, para finalmente precipitarse la última gran arremetida en los meses previos y posteriores a las elecciones presidenciales de 2011.

Las seis corridas son elocuentes de la restricción de política económica que asoma de la fuga de capitales.


Las seis corridas sumaron 60.676 millones de dólares. En total, el resultado de la cuenta formación de activos externos del sector privado, o sea las compras de dólares en el período 2007/2011, fue de 79.281 millones de dólares.

Existen varios aspectos a considerar para evaluar el nivel de demanda de dólares en un determinado contexto local y del exterior. Por ejemplo, si el tipo de cambio está atrasado o mantiene márgenes de competitividad; si el aumento de precios domésticos o la disputa político-mediática alimenta las tensiones en el mercado cambiario; si la devaluación de la moneda brasileña (real) o el fuerte aumento del precio de los commodities agrarios, en especial la soja, actúan sobre la cotización del dólar; si el billete verde es una opción financiera rentable o sigue siendo un activo refugio pese a su devaluación por la crisis internacional.

Todos esos análisis son incompletos si no añade que la gestión de política económica en Argentina debe desarrollarse con una restricción adicional: la obsesión con el dólar, que se ha manifestado en todo momento. En períodos de crecimiento económico record o en fases recesivas del ciclo; con inflación o estabilidad de precios; con alivio por el desendeudamiento, abundantes reservas y garantía de pago de los vencimientos o con inestabilidad en el frente externo; en etapas de recrudecimiento de la crisis internacional o en lapsos de tranquilidad en los mercados bursátiles mundiales.

Vale reiterarlo. Con inflación o sin inflación.

La administración de divisas y los consiguientes controles para comprar dólares, dispuesta a partir de noviembre de 2011, generaron un estado de intranquilidad espiritual en sectores medios y altos. Sólo una baja proporción de la población impulsa la formación de activos externos. En 2011, sólo 12 de cada 100 personas mayores de edad fueron al mercado único de cambios, aun considerando aquellas personas que compraron una sola vez moneda extranjera en pequeños montos.

La compra de dólares no era un acto ilegal y tenía el generoso límite de 2 millones de dólares mensuales autorizado por el Banco Central. Por lo tanto, las observaciones sobre las corridas y la fuga son desde el punto de vista del impacto en la política económica. Los bancos imputaban la operación en el código “atesoramiento”, cuando puede ser que algunas compras hayan sido para otro tipo de transacciones, por ejemplo la compra de inmuebles.

A continuación, dos listados con los principales 20 compradores, de personas y de empresas, y al final del capítulo (en el libro) la lista completa con los primeros 100, en el período que va del 10 de enero al 31 de octubre de 2011; compras abultadas de dólares que terminaron provocando el diseño de un nuevo régimen de administración de divisas.

Las operaciones fueron en pesos, convertidas al tipo de cambio 4,30 pesos por unidad.


Cada nombre de particulares y cada empresa privada que compró dólares en cantidad pueden originar especulaciones políticas y económicas, que permitirían explicar determinadas decisiones de gobierno.

No es el propósito, simplemente sirven para describir el problema estructural de la economía argentina que muchos particulares y sectores empresarios convierten a dólares sus excedentes financieros. Esta conducta, finalmente, derivó en un nuevo régimen de administración de divisas.

Existía un aceitado mecanismo para favorecer y facilitar la compra de dólares y fuga de capitales, que incluía una participación directa de grandes bancos locales e internacionales. El Estado, en general, y el Banco Central, en particular, no habían implementado ninguna medida para desalentar y restringir la salida de capitales y, con ello, resguardar sus efectos negativos en la economía. En el Banco Central había un escasísimo nivel de supervisión y control del mercado de cambios hasta que no se llegó a una situación muy delicada.

El mercado muy liberal de acceso a moneda extranjera era inequitativo para la sociedad en su conjunto. El mecanismo de control y administración de divisas fue el recurso de emergencia para evitar que unos pocos acumularan una ganancia de capital por una fuerte devaluación con costos para el resto.

Los controles tuvieron como reacción la suba del precio del dólar en el circuito ilegal, al cotizar con una brecha de precios del 30 al 35 por ciento respecto del oficial. Las operaciones de compraventa de dólares en el mercado marginal son ilegales. Están alcanzadas por la ley penal tributaria, al suponer que ese movimiento de dinero proviene de fondos no declarados al fisco, y por la ley penal cambiaria, que sanciona esas transacciones. Estas condiciones del circuito irregular de divisas no es información confidencial. Pese a que se conocen las características de una actividad penada por la ley, tienen legitimidad social. Hasta analistas y comunicadores sociales muy conocidos no se inhibieron de comentar la conveniencia de comprar dólares en el mercado oficial para luego venderlos en el paralelo. La impunidad, la casi nula condena social de esa ilegalidad están naturalizadas por el objeto fetiche en cuestión: el dólar.

La fiscalización de las operaciones con dólares es una herramienta necesaria para disminuir la evasión y combatir el lavado de dinero y forma parte de una política de administración de divisas. El movimiento de moneda extranjera no puede ser dejado a criterios de mercado si el objetivo es evitar la exacerbación de perturbaciones económicas. En países periféricos, con una estructura de comercio exterior con un peso importante de exportaciones de materias primas, cuyos precios son muy sensibles al ciclo económico mundial, las divisas son un activo estratégico. Si además son economías con necesidades de dólares para pagar deuda externa, y con una fuerte presencia de capitales extranjeros, que implica una creciente remisión de utilidades de multinacionales a sus casas matrices, el control de las operaciones con moneda extranjera es imprescindible para no quedar subordinado a los intereses de los dueños de las divisas.

La regulación del mercado de divisas fue una respuesta de emergencia ante la intensidad de la fuga de capitales. Fue una política hija de la necesidad. La mayor regulación pudo instrumentarse porque antes hubo recuperación de márgenes de autonomía en la política económica y monetaria. De todos modos, la restricción externa se acercó peligrosamente. Siendo uno de los eslabones débiles de la economía argentina, el estrangulamiento externo por el déficit de divisas tiene como desenlace la crisis con una fuerte devaluación e inflación posterior, con la consiguiente inestabilidad política y social. Evitar ese destino fue el objetivo del régimen de compra de moneda extranjera. Las opciones eran una fuerte devaluación, un ajuste fiscal o el endeudamiento a tasas de interés muy altas. Todas opciones más perjudiciales para la economía y los sectores vulnerables, incluso la clase media, que un régimen de administración de divisas.

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Notas complementarias:

Los episodios de fuga de capitales desde 1976

174.000 millones de dólares

La fuga de capitales iniciada en 2007 fue la de mayor magnitud desde la década del setenta, cuando comenzó el régimen de liberalización financiera. (Completa acá).





Dólar: el caso Brasil en comparación con Argentina
Historias similares con respuestas diferentes

Prácticas económicas y conductas sociales de décadas terminaron por configurar una pauta dolarizada que requiere de una labor paciente para modificarla, de incierto resultado. (Completa acá).

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Disculpe las molestias. Estamos trabajando para profundizar el modelo

Primero fue Gusana Giménez: "¡es una injusticia, es una locuuura! Se les fue de las manos...". Y concluye con análisis socio-económico, que si no le dan el próximo Nobel de Economía, le pasa raspando.

Y ahí saltaron los oportunistas de la queja. Los que quieren comprar dólares, los que no. Los que pueden, los que no.

Triste papel el de estos voceros de una mina con un importante historial de maniobras de evasión y de estafas al fisco y a los particulares, sus televidentes; esos que la hicieron millonaria.

Queridos chichipíos, sepan por que la Diva sufre de abstinencia al billete verde:

Susana Giménez posee un patrimonio en el país de 8 millones de pesos y en el exterior de 81 millones, aunque esta última valuación está siendo fiscalizada por la AFIP. Esos bienes están a nombre de la sociedad Splugen PT Ltd, de Singapur, que sólo debería declarar sus utilidades en caso de repatriar el capital a la Argentina.

Su indignada denuncia de que no le permitieron comprar dólares aunque tiene todos sus ingresos declarados, llamó la atención sobre la ingeniería tributaria con que se maneja. Con el 95 por ciento de las acciones es la socia gerente de SG Producciones, una Sociedad de Responsabilidad Limitada que factura sus servicios al canal Telefé.

Giménez declara un sueldo anual de 44.200 pesos. De este modo todos los meses paga sólo una retención del 2 por ciento. A fin de año, esa SRL paga el impuesto correspondiente a sus utilidades.

En 2010, facturó algo más de 7 millones de pesos y la AFIP le determinó un impuesto del 22 por ciento sobre ventas, alrededor de un millón y medio de pesos. Recién entonces la SRL le acreditó a la vedette sus honorarios como socia gerente (900.000 pesos) y su participación del 83 por ciento en las utilidades (el año pasado fueron 4.650.000 pesos), que están exentos de impuestos desde la década de 1990.

Como estos ingresos recién se informan en mayo del año siguiente, el pago del impuesto se difiere un año. Un pequeño inconveniente de este astuto esquema es que la AFIP sólo tiene el registro de su sueldo, de 3400 pesos mensuales, que como es lógico, no le permite comprar millones de dólares.

La SRL sí podría haberlos adquirido, pero pagando al hacerlo el impuesto a las ganancias, del que su accionista principal se exime. Giménez dijo que el tema de la compraventa de dólares se le había escapado de las manos al Estado. En su caso, parece todo lo contrario. (1)

Puedo entender las voces de las susanitas y los susanitos que a mayor o menor escala su "picardía" tributaria no les permite acceder a su objeto de deseo.

Al resto, a esos que por quejosos, por temerosos, por apocalípticos, por desconocimiento... y a los que eventualmente podrían tener algún incoveniente hasta que el sistema funcione aceitadamente, les decimos: DISCULPE LAS MOLESTIAS, ESTAMOS TRABAJANDO PARA PROFUNDIZAR EL MODELO.


(1) Fuente: Página 12

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Estadísticas sobre criminalidad

Un par de aclaraciones antes de entrar en el tema.

Nótese que se menciona "criminalidad" y no "inseguridad", ya que mal que les pese a muchos, la inseguridad sí es una sensación, se refiere a una subjetividad. Lo concreto es el crimen, el delito.

Lo segundo es que me adelanto a las argumentaciones del tipo "andá a mostrarle esos numeritos a los padres (hijo/a, esposo/a, etc.) de ...". Si nos paramos ahí cualquier análisis carece de sentido y lo único que nos queda es construir un cuarto antipánico, encerrarnos y encerrar allí a todos los que queremos y esperar la muerte por el motivo que fuera, exceptuando el delito violento.

Las estadísticas, por antipático que resulte, se basan en fríos números, y la comparativa, tanto vertical como horizontal, tiene como objetivo la diagnosis de una problematica particular.

Dicho esto vamos a ver lo que nos dice la tasa de homicidios dolosos, (crímenes en los que hubo intención de matar), de la Estadística Criminal 2008 elaborada por la Dirección de Política Criminal, que depende de la Subsecretaría de Política Criminal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

El primer dato que sorprenderá a muchos es que de los 2305 homicidios dolosos ocurridos en 2008, el 64 por ciento de los casos se produjo por cuestiones interpersonales (entre parejas, familiares, conocidos o vecinos) que no tuvieron nada que ver con la comisión de otro delito. Y el 54 por ciento de esos crímenes se cometieron con armas de fuego.

La Argentina tiene la cuarta tasa más baja del continente y cayó un 37 por ciento desde 2002. En cifras concretas, 2002: 3453 asesinatos. 2008: 2305.

La perspectiva por ciudades del continente, ubica a Buenos Aires en particular mejor posicionada que al país en general: segunda, después de Toronto.

El cuadro demuestra que tenés el doble de posibilidades de que te amasijen en San Francisco o Miami. Ni hablar de Río de Janeiro, mucho menos de Cali.

Las cifras provinciales arrojan, al menos para mi, una sorpresa. El índice más alto de homicidios lo tiene Chubut (8,47 casos cada cien mil habitantes). Y Catamarca se ubica en el extremo opuesto con un 0,77 por cien mil.

Un indicador que le rompe la cabeza al mas pintado es el que compara los porcentajes de victimización con las tasas reales de homicidios dolosos cada 100 mil habitantes.

Lo que se denomina "victimización" vendría a ser algo así como el miedo a que te pase algo, o mejor dicho el temor obsesivo (¿paranoia?) a ser víctimas de un delito.

Paradojicamente la terna de habitantes más atemorizados la componen Argentina, Chile y Uruguay, siendo éstos los países de menor tasa de homicidios.

Seguramente la combinación de varios factores justifican esto que a simple vista es una incogruencia.

Para concluir, digamos que otro de los tantos aspectos que investiga la Estadística Criminal cuyo responsable es el criminólogo Mariano Ciafardini, es es la evolución que han tenido desde 2002 a la fecha las manifestaciones sociales.

El pico se registró en 2002, cuando se produjeron 16.965 protestas, mientras que entre enero y junio de 2010, el número descendió a 2422.

Las protestas han sido tanto de gremios estatales o privados, organizaciones de desocupados, partidos u organizaciones políticas y reivindicaciones vecinales o de familiares de víctimas de gatillo fácil, accidentes o sucesos gravísimos como el de Cromañón.

A través de los años, los actores de la conflictibilidad social han ido mutando o directamente se extinguieron (como el caso de los ahorristas. Y otros como ambientalistas e indigenistas se han incorporado.

En 2002, por ejemplo, un total de 4964 marchas de protesta fueron protagonizadas por partidos políticos y entidades de derechos humanos. En nivel de importancia le siguieron los gremios estatales (1480), las organizaciones de desocupados (1152), las organizaciones vecinales y familiares de víctimas (1077) y los gremios que agrupan a trabajadores de empresas privadas (1039). En 2006, en cambio, se produjeron 4910 manifestaciones, la mayoría de ellas convocadas por los trabajadores de empresas privadas (1129 marchas o conflictos).

En los últimos dos años, mientras tanto, las marchas de protesta son lideradas por las organizaciones políticas, que realizaron 1016 demostraciones el año pasado, mientras que en los primeros seis meses de este año llevan sólo 179. En 2010, lo que prevalecen son las marchas de vecinos o familiares de víctimas (363 actos o movilizaciones).

Fuente: Carlos Rodríguez, informe completo: acá.

Apertura de paraguas antes de que alguien comience a disparar con el típico biribiri sobre el INDEC: en este enlace se pueden conocer las cifras publicadas por la Democratic Leadership Council (DLC), está en inglés, pero los números se entienden. Otro informe muy interesante, elaborado por Julio Jacobo Waiselfisz, auspiciado por la Rede de Informação Tecnológica Latino-Americana (RITLA), el Instituto Sangari y el Gobierno Federal de Brasil se puede bajar desde acá.

domingo, 6 de junio de 2010

Carrió

Horacio Verbitsky nos recuerda las contradicciones de Mirinda en la nota publicada hoy en Página/12, bajo el título Mujer sin convicciones.



"Elisa Carrió consideró vejatorio el secuestro de prendas íntimas de los hijos de Ernestina Herrera de Noble para analizar su ADN y establecer su identidad y “fascismo puro” la ley 26.548 que estableció la validez de ese tipo de pruebas no invasivas. También afirmó que los hijos de la viuda de Noble eran los hijos de todos. Pero en octubre de 2003, Carrió había sido una de las primeras firmantes de un proyecto de declaración de su colega Marcela Bordenave, que defendió la extracción compulsiva de sangre para realizar ese análisis."

La nota completa, acá.

miércoles, 28 de abril de 2010

Los relatos del miedo y la crispación

Por Ricardo Forster

1 No deja de ser llamativo el modo como se sobreexpone lo que recurrentemente desde ciertos grupos comunicacionales se denomina la “crispación”. Se lo hace focalizándola con exclusividad en lo que dice o deja de decir el Gobierno. Es el oficialismo, según esta visión parcial e interesada, el portador del virus de la violencia verbal e icónica que hoy se despliega por el país acechando la vida del conjunto de la sociedad. La radicalidad del mal está entre nosotros y su lugar de enunciación no es otro que el maléfico kirchnerismo. Toda relación con él supone, a los ojos de ciertos medios de comunicación y de ciertos políticos opositores muy propensos al uso de metáforas escatológicas y a adjetivar estomacalmente con palabras escabrosas y siempre denigratorias, quedar irremediablemente contaminado por el veneno que emana de quienes han llegado para instalar entre nosotros una suerte de dictadura (no deja de ser llamativo el uso espurio y prostibulario que se le da a una experiencia tan brutal y criminal para la memoria colectiva como lo ha sido la dictadura genocida para calificar a un gobierno democrático).

Cualquiera que ose utilizar argumentos en sintonía favorable con mucho de lo realizado en estos años cae inmediatamente bajo la sospecha de “la caja” (¿cuánto le pagan para escribir o decir lo que no debe ser escrito ni dicho sin caer en la peor de las corrupciones espirituales?), de ser un cómplice del autoritarismo y de estar al servicio de los intereses más oscuros y ruines. Lo llamativo, tal vez lo insólito, es que aquellos que esgrimen estos argumentos sofisticados siempre aclaran que la crispación y la violencia verbal provienen de los “rabiosos” kirchneristas o de sus intelectuales “a sueldo”. Basura retórica que siempre elude discutir lo que deberíamos discutir con libertad y altura argumentativa: ¿qué país desean? ¿Qué modelo de sociedad y de Estado defienden? ¿Qué piensan de la distribución más equitativa de la riqueza y de la apropiación de rentas extraordinarias? ¿Qué políticas económicas están dispuestos a implementar para “salvar a la República” del populismo? ¿Qué política de derechos humanos piensan sostener y qué piensan de los juicios contra los militares genocidas? ¿Qué piensan de jueces procesistas que impiden la aplicación de la ley de medios manteniendo, de ese modo, la heredada de la dictadura? ¿Cómo lograrán, si asumen una posición progresista, tocar los intereses de las corporaciones económicas sin “crispar” al establishment y sin poder recorrer, como lo hacen ahora a destajo, los programas de televisión que suelen representar esos intereses? Silencio. Después, claro, agresiones verbales de todo tipo que, eso sí, son virtuosas y virginales de acuerdo al parámetro de los grandes medios de comunicación. Lilita Carrió, Pino Solanas y Gerardo Morales, para citar apenas a estos tres referentes que circulan masivamente por el éter mediático, son maestros en el uso de metáforas catastrofistas y lapidadoras de cualquier acción oficialista sin que a sus interlocutores, siempre preocupados por la “crispación gubernamental”, se les ocurra señalar la sobredosis de violencia y de desprecio que emanan de tan ilustres retóricos del republicanismo argentino.

Todas las baterías se descargan para convencer a la opinión pública de que estamos delante de quienes buscan reducir la democracia a una suerte de monarquía patagónica al mismo tiempo que vacían las instituciones y hacen proliferar una lógica cada vez más autoritaria y corrupta. Vivimos, según estos cronistas del Apocalipsis, en la antesala del infierno signado por la influencia del chavismo, para los que se colocan en la derecha, o de la impostura neomenemista para los que se ponen supuestamente a la izquierda, y Argentina sería una suerte de caldera que acumula vapores y que está pronta para estallar. Su deseo manifiesto se inscribe en esta visión del fin del mundo que se asocia con “una rebelión cívica” que nos libere de la maldad congénita del matrimonio presidencial.

No importa comprobar que la mayoría abrumadora de los medios de comunicación está en manos de empresas que buscan horadar y deslegitimar al Gobierno; tampoco importa que el Congreso de la Nación funcione con una mayoría opositora que no tiene inconvenientes en transgredir el texto de la Constitución de acuerdo con sus necesidades y que desde el Poder Judicial se ejerza, como pocas veces se recuerda en la historia contemporánea, una acción independiente y, en muchos casos, claramente opuesta a las decisiones del Poder Ejecutivo; menos importa todavía que hayan sido primero el gobierno de Néstor Kirchner y ahora el de Cristina Fernández los que desterraron de plazas y calles del país la inclinación siempre represiva del establishment de turno y de las fuerzas policiales impidiendo, desde hace años, que cualquier protesta social sea reprimida. Todo eso no es suficiente a la hora de construir un relato inverosímil que habla de una Argentina atravesada por “el miedo”, “la censura” y la “crispación oficialista”. Bastan unos afiches sin firma con los rostros de algunos periodistas para hablar de persecución y de impunidad.

2 La palabra se repite y se repite desde las pantallas, desde las radios y desde la gráfica: “miedo”. Lo dice una senadora formoseña que en sus piruetas acaba de presentar una propuesta de modificación de la ley de servicios audiovisuales que nos retrotrae al espíritu de aquella que fue derogada y que huele a defensa de los monopolios y a neoliberalismo (pero a ningún periodista de esos que fijan opinión se le ocurre hablar de borocotización de la senadora que, viniendo del Frente para la Victoria, salta sin prejuicios hacia la oposición). Lo dice la anfitriona televisiva bien apoltronada en su eterna mesa de almuerzos pluralistas desde siempre imbuidos y atravesados por el “fervor democrático” (record de quien ha podido seguir almorzando con entera libertad bajo todos los gobiernos, dictatoriales y democráticos). Lo repiten algunos periodistas que parecen disfrutar de ese extraño lugar de víctimas en el que han sido colocados por unos afiches sin firma y por una lógica del escrache que no resiste el menor análisis y que constituye una herramienta nada democrática y utilizable para lo peor. Lo dicen y lo vuelven a repetir con ánimo de ofrecer una imagen de país atemorizado y gobernado por violentos y corruptos dispuestos a desnutrir democracia e instituciones con tal de “perpetuarse en el poder”.

Cada semana una descarga de artillería pesada cae sobre los argentinos abriendo cráteres que buscan producir un efecto de crisis e ingobernabilidad o mostrando una escena cotidiana en la que la violencia discursiva del oficialismo amenaza con volverse violencia física. “Crispación”, “autoritarismo”, “dictadura”, “impunidad institucional”, “violencia”, “fascismo”, “manipulación y censura”, “corrupción escandalosa” son las palabras más pronunciadas por la oposición política y mediática; su traducción a sentido común es obvia y brutal: vivimos en una democracia simulada que esconde un proceso autoritario y cuasi dictatorial en el que vida y bienes están amenazados por la impunidad de los Kirchner. Sacar las conclusiones también es de sentido común: defender la democracia contra sus sepultureros, ese parece ser el grito de guerra de los retóricos del miedo.

Lo dice con total impunidad e impudicia la revista Noticias que no tiene ningún inconveniente en caricaturizar a Néstor Kirchner con la figura de Adolf Hitler y de hablar de “fachosprogresistas” como un modo de inhabilitar a quienes no piensan como ellos. Lo dicen apelando al amarillismo más vergonzoso y a la ignorancia de quienes ni siquiera se toman la molestia de reflexionar lo que están escribiendo o de preocuparse por averiguar lo que supuestamente denuncian. Para ellos, citar a Carl Schmitt, jurista de derecha, católico y compañero de ruta del nacionalsocialismo en los años ’30, supone ser neonazi o algo por el estilo (ilustres escritores, ensayistas, políticos y filósofos del siglo XX quedarían inmediatamente bajo esa sospecha: entre nosotros podría citar a Pancho Aricó, fundador del grupo Pasado y Presente y uno de los más refinados intelectuales de la izquierda, que editó y prologó un libro del jurista alemán; o a Jorge Dotti, profesor de filosofía moderna, autor de un voluminoso y erudito libro sobre la recepción de Carl Schmitt en Argentina y él mismo un confeso admirador del jurista sin por eso abandonar sus perspectivas democráticas; lo han citado liberales, conservadores y marxistas, de la misma manera que Jacques Derrida le dedicó un libro, Políticas de la amistad, para analizar sus ideas, o, más lejos en el tiempo, el filósofo judeo-alemán Walter Benjamin elogió sus escritos tempranos como un material sin el cual él no hubiera podido avanzar en sus reflexiones sobre la modernidad, la violencia y la soberanía y, muy cerca nuestro, el filósofo italiano Giorgio Agamben no ha dejado de citarlo para intentar pensar el “estado de excepción” y la problemática del poder).

Para la revista Noticias, Chantal Mouffé, quien retoma algunos rasgos de la concepción schmittiana de la pareja “amigo-enemigo”, cae dentro de la clasificación de “fachoprogresista” y, por derivación directa, también lo hace Cristina Fernández que ha tenido la osadía de citar En torno a lo político, libro maldito en el que la autora, compañera de Ernesto Laclau, se detiene en el pensamiento schmittiano como una estrategia argumentativa que busca pensar críticamente la dimensión contemporánea de lo político destacando los límites de los discursos consensualistas y neutralizadores de matriz liberal y socialdemocrática, discursos que han sido funcionales, según Mouffé, al capitalismo neoliberal. ¿Qué decir de la operación de Noticias? ¿Acaso aquellos que se rasgan las vestiduras para defender a los “periodistas independientes” dicen algo de esta impudicia que vacía de todo contenido al propio nazismo? ¿No hay violencia y crispación en esa lógica de la calumnia que acusa de cómplices del peor y más cruel régimen de opresión del siglo XX a quienes tuvieron el atrevimiento de pensar de otro modo la problemática del conflicto en el interior de las sociedades democráticas? Más allá de la provocación, lo que muestran algunos periodistas es el crudo analfabetismo con el que suelen construir sus “investigaciones”. Para ellos leer es un trabajo descomunal. Más sencillo es repetir una y otra vez que estamos viviendo bajo un régimen antidemocrático que avanza hacia el fascismo. Así de simple y salvaje, así de pacífica, consensualista y virtuosa es la retórica de quienes anuncian a los cuatro vientos que la violencia y el miedo se han instalado en la Argentina de la mano de la voluntad autoritaria y omnipotente de los Kirchner. Cada quien sabrá sacar sus conclusiones y sabrá comprender qué se guarda bajo la retórica del miedo y bajo la impunidad argumentativa. Mientras tanto, cuidado con banalizar el sufrimiento de las víctimas reales de la historia; el límite de lo que no debe ni puede trivializarse termina cuando se enseñorea la impudicia, esa que intenta instalar nuevamente el miedo entre nosotros.

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