A partir de la noticia de que uno de los camaristas que intervienen en la causa por la ley de medios, Francisco Horacio De las Carreras viajó a Miami invitado por el Grupo Clarín, Carlos Daniel Aletto tira de la piola y nos cuenta:
"Un juez para nada imparcial:
... Francisco Horacio de las Carreras (DNI 11.478.149) viajó a Miami vía Panamá por COPA Airlines el 29 de abril y regresó, también via Panamá, el 15 de mayo de este año. Pasajes, estadía, y gastos diarios pagados por el Grupo Clarín.
El juez tiene un interesante abolengo. Es descendiente directo de los Mansilla y su tatarabuelo fue el primer Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina.
Su hijo, Matías de las Carreras Novaro Hueyo es secretario privado del juez Dr. Carlos Santiago Fayt.
Su mujer Mercedes Novaro Hueyo el 24 de septiembre escribió en su Facebook: 'Chau... Me voy a rezar el ROSARIO. Siento que la oración y el cacerolazo son mis únicas ARMAS para luchar contra este gobierno.'
Recorriendo el perfil de la esposa cacerolera y religiosa del magistrado podemos ver que convoca a rezarle a Nuestra Señora de la Merced "para que nos mande un Gobernante digno, capaz de llevar a Nuestra Querida Patria al destino de grandeza que merece."
Pero no todo es misticismo y religiosidad, también se hace un lugar para el humor, y allá por agosto de 2010 escribe: "¿En que se parece Chile a la Argentina de hoy? ... En que una mina de mierda tiene paralizado al pais."
!Madre Dios! Ahora la que se va a rezar un rosario soy yo.
El texto es largo, pero resumiendo:
las empresas monopólicas (una sola) u oligopólicas (varias), fijan el precio que se les canta , incrementan la inflación sin control y al Estado para hacer valer la multa y apretar algo en la justicia le lleva 7 años.
LOS FORMADORES DE PRECIOS SON LA PRINCIPAL CAUSA DE INFLACIÓN.
La sanción contra cinco cementeras y la asociación que las agrupa es por cartelización de precios y reparto de mercados, maniobras monopólicas que perjudicaban al Estado y usuarios.
La Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal ratificó la multa por 310 millones de pesos para la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland y las empresas Juan Minetti, Loma Negra Ciasa, Cementos San Martín SA, Cementos Avellaneda SA y Petroquímica Comodoro Rivadavia. A fines de julio, las empresas acusadas de cartelización habían conseguido un fallo favorable de la Corte Suprema, que había suspendido la ejecución de las sanciones. La causa volvió al máximo tribunal penal, que ratificó la sanción en un fallo firmado el 15 de octubre. Si bien las empresas podrán apelar ante la Corte para que resuelva la cuestión de fondo, deberán pagar. En este sentido, el Estado nacional tendrá que iniciar la vía de ejecución (lo que técnicamente se llama apremio). Llegado el caso y ante una posible negativa, el Gobierno podrá iniciar “las medidas cautelares tendientes al cobro de la deuda”, según indicaron a Página 12 fuentes judiciales de la Sala IV.
Las empresas en cuestión fueron multadas por el delito de cartelización, que en la práctica significa la acción de un grupo de empresas pertenecientes a un sector determinado que “acuerdan” los precios que ofrecerán en un mercado que dominan. La denuncia original fue bajo la administración de Roberto Lavagna al frente del Ministerio de Economía (2005), al mismo tiempo en que José Sbatella ocupaba el cargo de subsecretario de Defensa de la Competencia. Luego de descubrir la maniobra de las seis compañías, el Estado las multó con 310 millones de pesos.
Las sanciones fueron para Loma Negra (138,7 millones de pesos), Juan Minetti (100,1 millones), Cementos Avellaneda (34,6 millones), Cemento San Martín (28,5 millones), Petroquímica Comodoro Rivadavia (seis millones) y 529.289 pesos a la Asociación Fabricantes de Cemento Portland. A partir de ahí, comenzó una batalla judicial.
La sanción fue recurrida ante la Justicia. La Cámara en lo Penal Económico resolvió a favor del Estado. Sin embargo, las empresas continuaron en su puja legal y recurrieron a la Cámara de Casación Penal. En 2011, las cementeras obtuvieron un fallo favorable por parte de la Sala IV de dicho tribunal. El Estado cuestionó la decisión por no haber sido informado correctamente del fallo, y ante una apelación del Ministerio de Economía, el tribunal de Casación Penal invalidó el fallo de la misma sala. Si bien se trató del mismo tribunal, la composición pasó a ser distinta.
Luego de la ratificación de la multa por parte de la Sala IV, las cementeras recurrieron a la Corte Suprema, quien en un fallo “insólito”, según la calificación de varios juristas, decidió suspender la ejecución de las sanciones. ¿Por qué la Corte había tomado esa decisión? “El fallo de Cámara estaba en firme, el Tribunal de Casación había considerado inadmisible el recurso ante esa instancia y obligaba a las cementeras a acatar la sanción o a apelar, que es lo que hicieron, pero habilitaba al Estado nacional a seguir adelante en la ejecución de la multa. En cambio, la decisión de la Corte tiene la clara intención de impedir la ejecución”, habían explicado a este diario desde el Ministerio de Economía.
“De conformidad con lo dictaminado por el representante del Ministerio Público Fiscal y lo manifestado por el representante del Ministerio de Economía, corresponde pronunciarse por la inadmisibilidad del recurso extraordinario interpuesto. Como reiteradamente lo ha sostenido la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el recurso extraordinario exige que la sustancia del planteo en que se funda implique el debate de una cuestión federal, lo que en la especie no ocurre”, sostuvo la Sala IV en el reciente fallo, firmado por Mariano Hernán Borinsky, Juan Carlos Gemignani y Luis María Cabral.
La cartelización denunciada hace referencia al poder de lobby histórico de las cementeras. “Hasta la época de la guerra de Malvinas, la comisión directiva de la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland manejó de manera muy reservada el reparto del mercado entre las empresas, pero la situación por la que atravesaba el país era muy preocupante y había que agudizar al máximo el ingenio. La solución fue comercial. Se estableció que los gerentes de ventas se reunieran en forma periódica para poder tomar soluciones concertadas rápidas también en cuanto a los precios.” Así lo describió Luis Jorge Capurro, representante de Loma Negra, en un libro escrito en 1999, pero que nunca pudo ver la luz. Sin embargo, ese material sirvió de insumo para la multa aplicada por el Estado argentino.
Las cinco empresas y la asociación todavía tienen la posibilidad de apelar este fallo ante la Corte Suprema e intentar que el máximo tribunal resuelva la cuestión de fondo. Sin embargo, antes deberían pagar la multa. Podrán continuar con la acción legal, lo que no invalida al Estado para cobrarles los 310 millones de pesos. En este sentido, es el Ministerio de Economía el que deberá iniciar la “vía de ejecución”.
La DEA los puso en la mira. Con el dólar se compran casas, con el dólar se ahorra, con el dólar se viaja. Sin el maldito dólar no se puede hacer nada. Y algunos sectores de las clases media y alta sufren de su abstinencia como un cocainómano en bajón. Algo de eso tuvo el cacerolazo. Síndrome de abstinencia. La desesperación del adicto que no puede consumir, el drogón al que le sacaron el caramelo y arremete contra las paredes, trata de asesinar al enfermero, odia a los médicos que lo atienden y a los padres que lo internaron.
Seguramente fue más complejo, seguramente intervinieron muchísimos factores, pero cuando el Gobierno cerró la canilla del dólar gatilló un mecanismo asesino en esos sectores. Cada una de las medidas, desde los trámites con la AFIP por computadora que después rechazan los bancos, hasta el 15 por ciento de aumento a la tarjeta alimentó al asesino serial, al monstruo solitario que anida en la zona oscura del cerebro de un ser humano argentino, dizque civilizado.
La clase media kirchnerista o que no es antikirchnerista pudo elaborar esa abstinencia, sublimarla con un razonamiento político que va más allá de la bronca inmediata, una mirada que le permite ver por encima de las fronteras una crisis mucho peor que la falta del dólar.
En cambio para la clase media antikirchnerista, que había quedado aturdida después de las elecciones, la sequía de dólares operó como catalizador del pataleo, sumó y potenció toda la bronca. Es un estado de ánimo que reclama por los dólares, contra “los planes descansar” (la Asignación Universal por Hijo), y contra el pago de impuestos. Pero no menciona estos puntos. Prefiere hablar de la “korrupción”, de la falta de libertad o “diktadura”, del rechazo a la reforma de la Constitución, a la re-reelección.
Los reclamos que mencionan son los que se pueden discutir, pero no son los que encienden la llama del odio. El polvorín está en los temas que no mencionan y, sobre todo, o por lo menos el más extendido, el maldito dólar. O se lo menciona detrás de eufemismos como la falta de libertades (para comprar dólares) y algunas otras que equiparan mágicamente a la Argentina con Cuba y Venezuela.
Nadie se hace cargo del embole que produce en general a los sectores medios esa adicción. Más de un kirchnerista se tragó una puteada cuando viajó al Uruguay y lo estafaron con el cambio. O cuando alguna de esas medidas lo sorprendió en medio de una transacción inmobiliaria que se frustró o se encareció.
Esa es una discusión: la forma de cortar una adicción surgida en años de devaluaciones y corralitos que había convertido a la Argentina en el país con más dólares per cápita después de Estados Unidos. Y, al mismo tiempo, hacer ese corte en el marco de una inflación importante.
El peligro de esa adicción en un país con inflación son las corridas cambiarias. Y el peligro es más grande aun cuando esas corridas muchas veces son provocadas por grandes empresas exportadoras para obligar a una devaluación drástica del peso. Y más peligroso aún es si esa corrida se produce en el contexto de una crisis mundial. Con ese marco, una devaluación forzada hubiera podido llegar a provocar una crisis peor que la híper de Alfonsín.
El contexto previo al cierre de la canilla era el de miles de millones de dólares girados al exterior o llevados al colchón. Un clima intoxicado con versiones de corralitos y devaluaciones que no ocurrieron. Los mismos empleados bancarios aconsejaban retirar los depósitos. Si esa corrida no paraba, la economía difícilmente sobreviviera. O sea: los sectores de clase media que están rabiosos porque tienen pesos pero no pueden comprar dólares, ahora no tendrían esos pesos para comprarlos. La canilla de los dólares se cerró para proteger a una economía que hizo prósperos a los mismos que reaccionan furiosamente contra esas medidas.
La furia fue llamativa. El odio dio vergüenza ajena. La bronca por el dólar estaba subyacente y con mucha fuerza, pero no alcanza para explicar todo. El odio forma parte innata, constituye la amalgama de una cultura donde la supuesta superioridad social, económica o cultural, otorga licencia para matar. Es algo que tiene raíces históricas en la Argentina donde la supuesta ilustración siempre apareció enfrentada al progresismo real de las masas. O por lo menos así fue presentado por historiadores que falsearon alineamientos o ignoraron a los intelectuales que no respetaron esa regla elitista.
En la búsqueda de posibles explicaciones a tanto odio apareció una frase de Arturo Jauretche navegando por las redes: “Conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor”. Jauretche fue un sociólogo autodidacta, probablemente uno de los que hicieron aportes más ricos sobre la idiosincrasia de los argentinos y constituye un ejemplo de los que han sido ninguneados por las academias.
Es difícil entender el odio y más difícil aún es entender su naturalización o su minimización por parte de columnistas e intelectuales de la oposición. Fueron pocos los que tuvieron el reflejo o la valentía de señalarlo. Algunos incluso llegaron a tratar de ocultarlo.
El canal TN de Clarín fijó sus cámaras desde el principio hasta el final sobre la marcha de los caceroleros, pero le quitó el sonido y no hizo entrevistas a los manifestantes. Unos días después, en un programa de ese canal se presentó un panel con supuestos caceroleros espontáneos donde todo estaba guionado. Ninguno se superpuso, como si se hubieran distribuido previamente los temas. Los periodistas disfrazaron todavía más la mentira acusando de “oficialistas” a los demás canales que difundieron entrevistas de caceroleros histéricos. Si les da vergüenza ser partícipes y beneficiarios de ese odio, más les valdría reflexionar sobre esa cuestión, en vez de operar para ocultarlo.
En los últimos treinta años hubo manifestaciones opositoras contra todos los gobiernos. En el caso de Menem, marchaban familiares de víctimas de la dictadura cuyos asesinos habían sido indultados por su gobierno y decenas de miles de desocupados que habían perdido sus trabajos por sus políticas. Tenían muchos más motivos para el odio que estos caceroleros, pero nunca en esas manifestaciones se escucharon expresiones criminales como las que se manifestaron en el cacerolazo. Nunca se le deseó la muerte a Menem ni a su familia y lo mismo con De la Rúa. Fue repugnante escuchar esas consignas y fue repugnante ver cómo algunos periodistas que se jactan de civilizados se callaron y se hicieron cómplices de esos actos miserables de exaltación de la muerte. El mismo grupo social y la misma cultura que festejaba el cáncer de Evita sesenta años atrás. A la Presidenta no se le perdona un chiste mínimo, pero a ese grupo social le está permitido convertir en consigna política la muerte del otro.
Esa fue una expresión del odio. Porque otra de las explicaciones del odio es el tono de los grandes medios encrespados por la pérdida de privilegios que implica la Ley de Servicios Audiovisuales. Se puede hacer mucha teoría sobre el tema. Y a eso se dedica la periodista Mariana Moyano. La bajeza expresada en la forma revanchista con que informaron sobre un robo en su domicilio termina por confirmar, si alguien todavía tenía dudas, que la propiedad de los medios no puede estar concentrada ni monopolizada, que es necesario que haya diversidad y educación.
La mayoría de los grandes medios festejaron que le haya sucedido esa desgracia a una periodista que cuestionaba la manera en que los medios operaban sobre el tema de la inseguridad. Pero lo más rastrero fue que en varios de los noticieros se divulgaba la dirección de esa periodista, como si estuvieran convocando a que se repitieran los hechos. Igual de rastrero fue que inventaran que entre los pocos objetos robados hubiera dólares. Una “periodista K” con dólares constituye algo muy regocijante, aunque sea mentira.
La ruta del odio lleva a los enfrentamientos violentos. Es algo que ya se vivió y se sufrió. Es un camino más que peligroso. Si la oposición no critica estas expresiones –y las justifica como en otras épocas–, estará repitiendo los mismos errores del pasado.
Editorial completa de Eduardo Aliverti en su programa Marca de Radio, (sábado 15 de septiembre, Radio La Red).
Unos por poco. Otros, por demasiado. Y una ¿menudencia?, con tanto de hipocresía como de ingenuidad. Esas podrían ser algunas de las definiciones que caben a lo sucedido el jueves a la noche.
El “poco” atañe a quienes, desde el Gobierno y sus alrededores, minimizaron por completo la magnitud de la protesta. Al margen de discusiones bizantinas sobre el número aproximado de manifestantes, fue mucha gente. Mucha. No provino con exclusividad de los barrios acaudalados. No fue sólo en Buenos Aires. Vamos: con ese mismo volumen de muchedumbre, si es del palo decimos que fue imponente.
O, por lo menos, que revela la fuerza popular del modelo siendo que ya lleva casi diez años. Y también es veraz que el origen estuvo en las redes sociales, porque no podría haber sido de otra forma a partir de que la oposición dirigencial no existe.
Este último dato, en gran medida, es lo que llevó a desmerecer la convocatoria porque su proyección sería nula, al carecer de quienes la articulen. Pero eso no significa que deje de prestársele atención.
Si es verdad que “siempre volveremos”, como dijo la Presidenta, también lo es que siempre amenaza la existencia de un núcleo de derecha, activo en más o en menos según las épocas; y conformado por factores de poder que se nutren del privilegio propio, junto con la tilinguería que les hace el coro.
Eso está y que sea un paquidermo medio dormido, o espontaneísta, no quiere decir que deje de ser un elefante.
Tienen recursos, ya lo demostraron en 2008 y, precisamente por no habérselos atendido, se sufrió una derrota que pudo haberse evitado. De esa pérdida se salió fugando para adelante, cuando nadie lo apostaba.
Y es eso lo que vuelve a imponerse: a más reacción, más acción. Lo de la re-re es una estrategia equivocada que les proporciona gimnasia aglutinante. Es lo único de que pueden valerse y por eso lo amplifican.
Del “demasiado” no parece que haga falta agregar mucho. Colegas de la oposición llegaron a permitirse la extravagancia insultante de comparar el jueves a la noche con 2001. Más de veinte muertos por la represión, cincuenta por ciento de pobres e indigentes, un país incendiado, fueron entusiastamente asimilados a un montón de miles que salieron a pedir “libertad”.
La libertad que estaban ejerciendo sin ningún problema. Se les confirió a los ruidosos la categoría del total de la sociedad, o de su grueso relevante. Quizás baste y sobre con lo que se le escuchó a un salame televisado, en rol de conductor, al momento de la desconcentración. Alertó que debía chequearse cómo andaba el Roca, porque los protestadores tenían que volver al sur del conurbano y esa línea de tren había sufrido inconvenientes durante el día.
El tipo se pegó un viaje hasta el 17 de octubre del `45. Se creyó que andaba viendo las patas en la fuente de Plaza de Mayo, con las masas indignadas cruzando el Riachuelo. Un tipito, pero emblematizó la visión de los agentes de prensa que compraron o vendieron estar ante una gesta épica, inolvidable, determinante.
Queda el tercer aspecto, que se cuela entre esos extremos de los que ningunean lo ocurrido y quienes le otorgan un valor histórico. Es un componente que viene desarrollándose hace cierto tiempo, estimulado por el discurso de los medios opositores.
En todo caso, el cacerolazo lo potenció. Los reaccionarios orgánicos se valen de él porque es una fachada que les permite predicar sus intereses sin retruque probable, al ser un argumento cuyo mentís es de altísima incorrección política. Pero también habrá los preocupados legítimos. Gente agotada o inquieta, por ejemplo frente al hecho de espaciar relaciones, o directamente perder amistades, porque cada vez que salta lo político -y no hay forma de que no salte, por un lado o por otro y más temprano o más tarde- los choques son irreconciliables.
Este tercer elemento es eso de la división de los argentinos. De los riesgos de profundizar las diferencias, de fijarnos en lo que separa antes que en lo unificador, de no promover el consenso. Eso de que la confrontación es buscada adrede y no como producto del intercambio de ideas. Eso de que pueblo dividido es sinónimo de sociedad que no avanzará nunca. Eso de que en una democracia no hay enemigos sino adversarios.
Pues bien: uno ya está harto de estas boludeces monumentales y cree que es hora de salirles al cruce, porque de lo contrario se asienta un embuste que impide debates serios.
¿Desde cuándo resulta que la política no es conflicto invariable y progresivo, si es que realmente hay pugna ideológica y no una escenografía institucional de cartón? ¿O es tan difícil darse cuenta de que estos sectores afiebrados por la necesidad de diálogo -para concederles candor- son el árbol genealógico de la oligarquía, de las masacres de toda nuestra historia, de las dos toneladas de bombas sobre civiles indefensos en junio del `55, del genocidio del `76, del sultán riojano que añoran, de la deuda externa que socializaron, de la propiedad agropecuaria nacida en cada oreja de indio entregada a las huestes de Roca?
¿De qué diálogo y de qué dictadura hablan? ¿Así que el pueblo fue y es su enemigo, pero para el pueblo deben ser sus adversarios democráticos?
El sacerdote quilmeño Eduardo de la Serna, coordinador del Grupo de Curas en Opción por los Pobres Argentinos, le remitió al firmante un texto de sencillez y precisión arrolladoras, hoy (sábado 15 de septiembre) publicado por Página/12, en esencia sobre los cánticos, consignas y cuestionamientos vertidos el jueves.
En su mayoría, aunque lícitos de expresar, eran totalmente individuales. Y cita. “Quiero salir a la calle sin que me roben”, era el planteo acerca de la “inseguridad” en reemplazo de la seguridad como bienestar social.
“Quiero poder viajar”, como si los millones de pobres hubieran podido ir al extranjero sin que nadie levantara la voz a favor de ese derecho.
“La multitudinaria `marcha del yo´, preocupada por `mis´ derechos, se manifestó coherentemente en que cada `yo´ tenía su propia consigna; no había un `nosotros´, un `Pueblo´, salvo en el extraño momento en que se cantó aquello de `si éste no es el pueblo…´ (que dicho sea de paso, al igual que respecto de haber coreado que el pueblo unido jamás será vencido: dejen de robar emblemas de izquierda para aplicarlos a que no pueden conseguir dólares).
(…) Pocas cosas me parecen tan clásicas de la `clase media´ argentina como su `amor al yo´, el mismo de Sri Sri, el mismo del `yo, argentino´, del `no te metás´, del `por algo será´, del `en algo andaría´.
Multitudinarios `yoes´que pareciera que nunca pueden mirar un `nosotros´. Hace ya 200 años que estamos habituados a convivir (?) unos y otros, puerto y pueblos, civilización y barbarie, blancos y negros… De Proyectos se trata.
Pero mientras unos insinúan siempre el deseo del voto calificado, otros proponen ampliación de derechos aunque los calificados (o clarinificados) no tomen nota. Total, se han copiado siempre”.
Puede agregarse que cuando hay muchas consignas termina no habiendo ninguna, como no sea una expresión de malhumor. De odio de clase. Finalmente, de impotencia.
Este editorial termina en primera persona, como es de estilo y pertinente aclarar cuando un periodista -más aun en rol opinativo- se dispone a violar una regla básica de la profesión.
Me importa una infinidad cantidad de carajos, y no soy más grosero solamente para no abusar del efectismo, tener el más mínimo grado de consenso con esta gente. Casi desde que el mundo es mundo, el mundo se divide en clases. Y en las más postergadas, por obra de las dominantes de la pirámide y sobre todo en las medias, que son el jamón del sándwich, hay franjas asemejadas que hasta salen a la calle para defender intereses que no les son propios sino de quienes las sojuzgan.
Ante esa verdad incontrastable se puede creer que vale convencer a los privilegiados y a sus loritos por vía del “diálogo”, siempre desparejo gracias a los medios de comunicación que pertenecen a la clase de punta.
O practicar el “centralismo democrático” de dar la batalla a través de los hechos, tal y como toda la vida hicieron ellos. No quiero saber absolutamente nada de pacificar relaciones con esta gente. No quiero ni diálogo ni consenso con quienes vociferan “yegua, puta y montonera”.
No quiero sentarme a soportar, ni por un solo segundo, a los que quieren para Cristina el final de De la Rúa.
Me repugna que salgan a manifestar muchos de los que hace poco más de diez años canturreaban que entre piquetes y cacerola la lucha era una sola, porque les habían pasado la cuenta de la fiesta de la rata.
No quiero saber nada con esa gente que a la primera de cambio apoyaría el golpe militar del que ya no disponen.
Quiero tener con ellos una profunda división. Y concentrarme en de cuál manera se garantizaría mejor que se hundan en el fondo de su historia antropológico-nacional, consistente en que el negro de al lado no porte ni siquiera el derecho de mejorar un poquito.
Quiero a esa gente cada vez más lejos. Y cuanto más los veo, más seguro estoy.
MARCA DE RADIO, sábados de 10 a 13 hs, por Radio La Red.
Mariano Ferreyra, un estudiante y militante popular de 23 años, fue asesinado a plena luz del día ante cientos de personas, en la Capital, con policías federales cerca o al lado. Demasiada sangre ha corrido en la Argentina, en especial de jóvenes. Estremece la repetición, induce a pensar en regresiones eternas, en prioridades absolutas que no se garantizan. Un homicidio tiene autores materiales y eventuales instigadores, urge identificarlos. En ese sentido fueron correctas las prontas declaraciones de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. El Gobierno condenó inmediatamente el crimen y se comprometió a dar pronto con sus “autores materiales e intelectuales”. De cualquier manera, esa respuesta, imprescindible, sería parcial e imperfecta. Cumplir con la ley penal no bastará: no ocurrió un crimen común, sino uno político, respecto del cual rigen otras reglas, presunciones y exigencias.
Claro que es imperioso dar con los autores del homicidio y someterlos a proceso, en el que regirán la presunción de inocencia y todas las garantías para los acusados.
Pero también estarán bajo la lupa los sospechosos de responsabilidades gremiales, empresariales, públicas o de gestión. Para ellos no valen las normas penales: si se los acusa con algún fundamento deben probar su inocencia. En la arena pública se invierte la carga de la prueba. Los líderes de la Unión Ferroviaria (UF), los sindicalistas que son sus aliados, la Policía Federal y las autoridades que la conducen deben demostrar que obraron con apego a la ley, que no coadyuvaron ni instigaron el ataque armado, que no fueron negligentes para evitarlo.
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Al cierre de esta nota es prematuro individualizar culpables, pero todas las pruebas conducen a la patota de la Unión Ferroviaria (UF). Los testigos, las imágenes difundidas por televisión, las crónicas periodísticas, los muestran en plan de ataque. Un dirigente de la UF, Pablo Díaz, se autoinculpó con brutal franqueza, seguramente sin quererlo. Reivindicó para un gremio el uso de la violencia legítima (que es monopolio del Estado) al proclamar que no dejarán cortar las vías. Esa conducta es ilegal, un ejercicio “justiciero” por mano propia. El comunicado de la UF también perjudica a sus firmantes. Nula contrición y autocrítica, sólo para empezar. Y una “confesión” inverosímil: se asume haber portado elementos agresivos pero no armas de fuego. La excusa es, a la luz de los hechos, una cínica afrenta a la inteligencia. Se pretende que hubo un enfrentamiento entre dos grupos: uno calzado, el otro con palos. Pero todas las balas (lanzadas con ímpetu homicida, como que hay otras dos víctimas en grave estado) impactaron en el cuerpo de los presuntos agresores. El sentido común, que hace sinergia con la trayectoria de los sospechosos, pone en el banquillo a los hombres de la UF. ¿Militantes, barrabravas, trabajadores puestos a matones? A veces la línea entre esas categorías es menos clara que su enumeración. De cualquier forma, tanto da: en ese trance obraron como una patota más profesional que enardecida.
Como no hay un imputado, sospechoso o procesado, la investigación es llevada por la fiscal Cristina Caamaño, que tiene buena reputación entre sus pares y en Tribunales. Corre contra reloj. Cuenta con elementos de prueba abundantes: muchos testigos, material fílmico de varias procedencias.
Los popes de la UF, empezando por su secretario general José Pedraza, son sospechosos de primer nivel. Es la suya una historia de decadencia. Los llevó del sindicalismo combativo contra la dictadura al entreguismo en los noventa, de la presencia en las calles a sillones de directorio, de poner el cuerpo a escudarse en grupos de choque. De ser representativos a perder legitimidad, defendiéndola con chicanas legales o con manoplas, para empezar.
Cuesta creer, porque es disparatado, que los “muchachos” de pechera verde que se dejaron ver, ostentando prepotencia y aguante, fueran una patrulla perdida. La conducción gremial es responsable por las personas que encuadra, por quienes la representan o invocan su autoridad.
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Menos ostensibles, los empresarios del sector también deben ser escudriñados. La tercerización, la supresión de garantías legales básicas son herramientas habituales, de las que se valen para potenciar su lucro y disminuir sus responsabilidades legales y sociales. Sus cómplices y eventuales socios, los sindicatos amarillos y vaciados, tienen más culpa porque abandonan a sus compañeros de clase. Pero las patronales que se valen de ilegalidad y apañan la violencia que los favorece también deben ser puestas en cuestión.
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Muchos manifestantes denunciaron que hubo una “zona liberada” por la Policía Federal para dejar hacer a los atacantes homicidas. Otros observadores, más cautelosos, mencionan una grave negligencia al no tener efectivos suficientes para impedir el enfrentamiento, como sí se hizo en las vías, en provincia.
Pronunciarse ahora sobre las denuncias sería aventurado. No lo es que la negligencia o las zonas liberadas son conductas recurrentes de los uniformados. Las fuerzas de seguridad dejan mucho que desear en su comportamiento cotidiano, las sospechas aluden a conductas preexistentes, no a una fantasía ocasional.
Los federales deben ser investigados, seguramente por autoridades ajenas a la fuerza donde prima un nefasto espíritu de cuerpo. El propio Gobierno, que en general le concede a la Federal una confianza que no se corresponde con sus desempeños visibles, deberá extremar el activismo y comprender que, cuando se derrama sangre de argentinos, rige la máxima de la mujer del César.
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Toda muerte joven es una tragedia, todo asesinato lo es por partida doble. Ninguno cobra sentido merced a acciones ulteriores, porque cada persona es única y cada vida irreparable. Pero conmociones atroces suscitan, en sociedades complejas y vivaces como la Argentina, cambios postergados. Así sucedió con el asesinato del conscripto Omar Carrasco y el servicio militar obligatorio, por ejemplo. El homicidio del joven Ferreyra debe, necesariamente, reavivar el debate sobre el sistema sindical argentino, la dudosa legitimidad de algunos de sus emergentes, la imperiosidad de reconocer nuevas formas de representación o agremiación, centrales alternativas. Y también desmadejar la perversa trama de la actividad del transporte de pasajeros, en la que gremialistas, patrones y empresarios suelen usar “los tres sombreros”, demasiado entreverados, demasiado cercanos.
Hoy será una jornada de recogimiento, emoción, lucha y movilizaciones, que debería transgredir las tradicionales fronteras del oficialismo y la oposición. La vida humana es un límite infranqueable, deslinda fronteras.
En momentos tales, las autoridades y las fuerzas de seguridad tienen la obligación de redoblar su contención y su templanza. El dolor, la bronca, los desbordes incluso, forman parte de las pasiones democráticas a custodiar por los poderes públicos. Quienes pararán, cortarán vías, marcharán o formularán protestas de todo tipo tienen, en principio, derechos y motivos. Mientras no vulneren leyes esenciales, es imprescindible dejarlos, cuanto menos, expresarse y demandar.
Al mismo tiempo será necesario revisar todas las responsabilidades en danza.
Si uno fuera columnista de La Nación, las cosas serían más fáciles y no habría que romperse tanto la cabeza porque, como todo el mundo sabe, el culpable de todo lo malo que suceda en este planeta y sus alrededores es Néstor Kirchner. Por ejemplo, la oposición no se divide, es monolítica espiritualmente, el que la divide es Kirchner. La oposición nunca se equivoca o se desmanda, como le pasó a Macri con las escuchas telefónicas ilegales que realizaba su gente. Todo fue una trampa de Kirchner. En realidad sería más difícil encontrar una explicación racional a esas afirmaciones. Pero el buen columnista de La Nación lo explica todo con corrupción o autoritarismo.
Viene al caso porque con el mal momento que está pasando Mauricio Macri y el alejamiento de Elisa Carrió del Acuerdo Cívico y Social, la oposición vuelve a una especie de crisis permanente desde que se dio por victoriosa tras el 28 de junio del año pasado. Es una paradoja que, tras esas elecciones, la oposición haya perdido la paz y vaya de golpe en golpe, armándose y volviéndose a caer, logrando algunos de sus objetivos, pero diseminando más una sensación de frustración entre su propia tropa y sus electores.
Macri es el único que acusa a Kirchner por su escándalo telefónico. Acusar a Kirchner para salvarlo a Macri, como hizo Beatriz Sarlo es, por lo menos, ser complaciente con el espionaje ilegal, una excrecencia de viejas ideologías. Macri y Sarlo han sido los únicos que se pusieron en ese lugar, y en el caso de Macri lo único que podía hacer por su sobrevivencia era buscar otro culpable. Macri es uno de los candidatos más fuertes de la coalición de conservadores justicialistas y no justicialistas, aunque le va a resultar difícil sobreponerse de esta crisis y repuntar lo que perdió.
En el caso de Elisa Carrió, nadie podrá decir que se fue de la alianza con radicales y socialistas como resultado de una operación de Kirchner. Desde que Cobos cambió de bando para regresar a la UCR, ella mostró que estaba incómoda en ese conglomerado. En realidad se peleó con todos los posibles candidatos de esa alianza. Con Cobos, porque fue aliado del gobierno; con Ricardo Alfonsín, porque se sacó una fotografía con la presidenta Cristina Fernández; y hace pocos días con el socialista Hermes Binner, por las retenciones. En todos los casos los acusó de conciliar con el oficialismo, al que considera, como los columnistas de La Nación, una banda de matones y ladrones. Como dicen burlonamente por ese reduccionismo infantil: “La mierda oficialista”.
Antes del 28 de junio de 2009, la oposición tenía menos problemas, aunque, también, menos expectativas. Después del 28 de junio empezó a sufrir. Antes se resignaba a un lugar de oposición testimonial. En cambio, después del 28 de junio se vio en la necesidad de comenzar a concebirse como opción de gobierno. Cometieron un error de apreciación, porque creyeron que el kirchnerismo estaba terminado y que se convertían en opción por simple descarte. Parte de la ventaja que habían conseguido la perdieron con esa equivocación al evaluar sus propias fuerzas y las de sus adversarios. Les llevó casi un año advertir que la oposición no era monolítica, sino que estaba compuesta por vertientes muy diferentes entre sí, y que incluso en el seno de los partidos tienen problemas de convivencia. Es como si tuvieran una especie de complejo de inferioridad con relación al oficialismo, lo que distorsiona su mirada. Fue una equivocación considerar desde el primer momento que el oficialismo no tiene proyecto y que es sólo una banda de ladrones y matones. Que lo digan los columnistas del diario más conservador de este país tiene sentido, pero un político necesita una mirada más realista porque, si no, todas las medidas más importantes del gobierno los toman por sorpresa, como ha sucedido con la reestatización de las jubilaciones o la asignación universal y otras medidas oficiales.
Queda un año para las internas y poco más para las elecciones de 2011. La oposición necesita construir proyectos viables de gobierno alternativos al oficialismo. En este momento son solamente un archipiélago de dirigentes con aspiraciones. Y el proyecto que han mostrado sólo ha sido en contraste con el que desarrolla el oficialismo, lo cual los pone bastante a la derecha en derechos humanos, en construcción del Estado y en distribución del ingreso. La base de la distribución es la recaudación, pero para la oposición, de izquierda y derecha, recaudar es despectivamente “hacer caja” como si el dinero se lo fueran a llevar los funcionarios. Son consignas infantiles que sirven como impacto en el momento, pero que luego se desinflan porque nadie puede negar que el nivel de obra pública es mayor que en la de cualquiera de los gobiernos anteriores en el país o que el presupuesto en Educación también es el más alto en varias décadas. Casi todas las iniciativas más importantes que ha llevado adelante la oposición como “Grupo A” en el Congreso han sido para desfinanciar al Estado, lo cual es sinónimo de ir en contra de la distribución del ingreso. En este año que falta tendrán que dilucidar si lo hacen para debilitar al oficialismo o porque ése es su proyecto, lo que proponen a la sociedad para reemplazar al actual gobierno. Desde una mirada progresista, la oposición ha quedado bastante deslucida y las terribles acusaciones que le formulan al Gobierno terminan tomando el aspecto de desprolijidades o problemas menores en el marco de un proyecto que ha sido beneficioso para el ciudadano común. Desde la oposición se equivocan cuando dicen que todo eso es mentira, porque es muy fácil de constatar. En todo caso tienen que presentar un proyecto mejor que supere los limitantes del actual, pero sin sacarle los beneficios. Esa es una tarea más complicada que la de trabajar con la idea de “la mierda oficialista” y acusar a todo el mundo de ladrones y corruptos, mentirosos o autoritarios.
La necesidad de mostrar a la sociedad un proyecto de país que los identifique y que vaya más allá del simple contraste con el oficialismo es una de las prioridades de la oposición. Y ya empezó mal con las fotos de la Sociedad Rural o con la reunión de los principales referentes del Peronismo Federal con el CEO de Clarín, Héctor Magnetto.
La otra prioridad es construir las candidaturas. Hay dos grandes corrientes de confluencia. Una es la derecha peronista con otros sectores conservadores. Y el otro es el panradicalismo con los socialistas. La crisis en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la despedida de Carrió de sus aliados, en una primera impresión, estarían afectando a estos dos grandes conglomerados opositores, pero en realidad los está favoreciendo.
El principal problema de estas dos confluencias era que había muchos candidatos y que ninguno tenía pliegos suficientes para avanzar sobre los otros. El proceso de decantación se presentaba muy difícil y hasta ahora no han podido ponerse de acuerdo. Todos hablan de internas, pero nadie parece muy dispuesto a llegar a las internas sin arreglos previos. En el fondo todos quisieran lista única, porque vienen de muchas diferencias y peleas y una interna en esas circunstancias puede debilitar más que fortalecer.
En el Acuerdo Cívico y Social se da casi por descontado que el candidato será radical y el vice, un socialista. En esa lista, Carrió era la que jugaba con menos probabilidades, así que en algún momento iba a tener que resignar sus aspiraciones. Su renuncia al Acuerdo ha sido una forma de bajarse de una candidatura antes de perder o que la descarten. Más adelante negociará, seguramente, su respaldo a la fórmula que proponga esa alianza. De esta manera, el alejamiento de la Coalición Cívica favorecería el proceso de decantación de los candidatos en el Acuerdo.
En el caso de Macri, es un buen referente para la alianza del Peronismo Federal en la ciudad de Buenos Aires, pero no como candidato a nivel nacional, porque el jefe de Gobierno no es peronista y de esa manera le cederían al kirchnerismo la identidad partidaria. En la cena en la casa de Magnetto flotó la idea de cuál puede ser la estructura que se le oponga al Frente para la Victoria y sus aliados en 2011. Aunque, en la reunión, Carlos Reutemann rechazó nuevamente proclamarse como candidato presidencial, ésa es la carta más fuerte que tiene el sector, que se potenciaría con Macri jugando en la Capital Federal y Francisco de Narváez de candidato en la provincia de Buenos Aires. En todo caso, Reutemann tiene hasta marzo para decidirse. Vistos así, los problemas de Macri favorecen también el proceso de decantación de candidatos en la alianza conservadora con el Peronismo Federal.
En las últimas semanas, la palabra “blog” apareció de manera desproporcionada en diarios y diversos medios de comunicación. Y eso, a quienes escribimos blogs, nos llenó de sorpresa: es como ver a un vecino del barrio en la tele. “¡Ahí está, ahí está! ¡Saludá a los pibes!”
Pero no, se trata de un nuevo fantasma que reina en algunos miedos ajenos (los blogueros K), y la suposición de que están puestos y rentados al servicio de la demolición lenta y pública de alguna figura “opositora”, de algún partido centenario, o del monopolio más grande de la historia argentina.
Lejos de sentirnos como el hombrecito de la “Primavera de Praga” que con su sola humanidad quiere frenar el avance de un tanque soviético, nos sentimos como una manada de nerds con un inesperado y efímero éxito. Que así sea.
¿Acaso los blogs están siendo tomados más en serio que lo que lo hacen sus propios autores? Escribir un blog no es un trabajo, es un placer. Escribir un blog son un montón de horas improductivas al servicio de los que te leen, de los anónimos que te insultan, de los amigos que te celebran, de lectores silenciosos que sólo Dios sabe qué piensan, pero el círculo se fue agrandando día a día, hasta un límite más o menos esperable en un contexto tan amplio de disputa política. Punto.
Es ocioso decir que nadie nos paga por decir lo que decimos, tal como se afirmó de un modo tajante, pero esa sospecha hace gala de un clima que también desde la intensa blogosfera se ayudó a construir.
Y es en torno de esa irrupción pública que preferimos decir algo. No somos víctimas de nada, no somos vengadores anónimos, no tenemos que rendir cuentas de ética pública, pero partimos de este incipiente principio: todo lo que ayude aunque sea un poquito a hacer mierda la política... está mal. Seremos capaces de revisar nuestras acciones en virtud de ello, amigos.
Participamos de un proceso político que terminó de torcer el concepto de “periodismo independiente” hasta convertirlo casi en un oxímoron, porque ese concepto dejó de contener aquello que constituía su aura: se era independiente en torno del Estado.
La “nueva independencia” o “una nueva independencia” marca su territorio en torno de poderes fácticos que ya no se identifican automáticamente al poder del Estado. El apego de determinados periodistas a la línea editorial de la empresa a la que pertenecen en un contexto de cruda discusión como el de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ha invertido el orden: de repente un canal público aparece como espacio de resistencia en una correlación de fuerzas bastante desproporcionada frente a aquellos medios hegemónicos.
¿Qué hacen, qué tienen que ver los blogs en el medio de esto? Hacemos lo que podemos. Y probablemente la verdadera razón por la que existen muchos “blogs oficialistas”, que funcionan de manera individual, que forman sus propias comunidades primitivas, es el modo en que mucha gente resuelve una necesidad: la de decir de qué lado está, la de hacer pública una conciencia crítica y tratar de ser parte en un debate donde se debate casi todo.
El hecho de que los blogs políticos que reciben la mayor cantidad de visitas diarias, comentarios y repercusión en los medios tradicionales de comunicación se definan como “nacionales y populares” pareciera ser una blasfemia digital. Pareciera que eso molesta, y mucho.
Si para los analistas políticos tomados en serio por la gente que no es peronista, las personas que votan al peronismo son clientes rehenes de las dádivas que ofrecen los dirigentes del justicialismo, por carácter transitivo, aquellos ciudadanos politizados que más o menos defienden el trazo grueso del Gobierno a través de los blogs, necesariamente deben estar siendo pagados por alguien.
De ahí a que algún diputado de la oposición repita la acusación, hay apenas una tapa de Clarín. Por otra parte, sin ánimo de pisarle la pollera a nadie, llama la atención que al hablar de “los blogs” se omita deliberadamente la fugaz existencia de aquellos espacios en la web 2.0 que se identificaban con la Coalición Cívica y el PRO. Fueron un fracaso, dicho esto con el mayor de los respetos. Duraron lo que una campaña electoral, y pasaron al olvido. Pocas visitas, cero debate.
La única blogósfera política en crecimiento constante fue la que hoy es etiquetada con la letra K, donde hay un conjunto de blogs (entre veinte y treinta, digamos), cuyo tráfico diario no baja de las mil visitas reales, además de una cantidad indeterminada de otros blogs, que está dando sus primeros pasos y suman otros miles más. En estos blogs se discuten y debaten algunos de los temas que en el Comité Central de la calle Tacuarí decidieron que no se hablaran más. O que se hablaran de manera diferente.
No hay secreto. Si dejás un territorio huérfano de comunicación, es de cajón que va a venir una runfla de desharrapados y te va a hacer un asentamiento gramatical justo ahí, en el descampado que provocaste.
Y no hay tutía, porque una vez que tomaron la palabra, lotearon el lugar y le dieron a cada uno su lugarcito, no se van más. Los blogs son el modo que mucha gente eligió para decir que no es inocente, que no está ajena a un proceso político intenso y de insospechado final, y donde ofrece lo único que puede ofrecer al servicio de la Nación: su tiempo y su banda ancha.
Vamos a pérdida. No romperemos el cerco del anonimato ni agrandaremos nuestras cuentas bancarias. Y en esto, por ahora, somos como el cuento del japonesito preso que cocina en el barco de los aliados: estamos meando la sopa. Ni más. Ni menos.
Página/12, por Conurbanos, Revolución Tinta Limón y Un Día Peronista, acompañado, además, por otros blogs nacionales y populares, entre ellos: Un Emo Peronista, Deshonestidad Intelectual, Mide no Mide, Mendieta el Renegau, República Unida de La Soja, El Viejo Vizcacha, Mundo Perverso, Arte Política, Tirando al Medio, La Barbarie, Finanzas Públicas, Desierto de Ideas, Burbujas con Detergente, Derek Dice, Lomas Nuevo Lomas Viejo, Verbo América, Movimiento Peronista Bloguero, Ideas Peronistas, Acquaforte, El Blog del Ingeniero, Nada es Casual, Noticias del Sur.
"Yo, Ricardo Oscar Rovito, ciudadano argentino DNI 4.363.581, presto mi consentimiento para que el Gobierno Nacional haga uso del excedente de reservas acumuladas durante estos últimos años en el Banco Central, en el entendimiento de que las finalidades a que se destinan redundan en beneficio de los intereses de la Nación y del Pueblo.
Asimismo desautorizo a quienes se arrogan mi representación para oponerse, toda vez que han sido responsables directos de la dilapidación y malversación de esos recursos durante el ejercicio de sus funciones como gobernantes, dejándonos la herencia de destrucción y miseria que desde 2003 ha comenzado a reconstruirse trabajosamente, con el esfuerzo de todos."
La polémica en torno del uso de las reservas no quedó afuera de Facebook. En los últimos días, fueron creados varios “grupos” de discusión. El actor y cineasta Oscar Rovito fue el impulsor de uno de los más populares, "YO PRESTO MI CONSENTIMIENTO" que cuenta con 2770 simpatizantes.
Una compañera de Eldorado escribió en el muro del grupo: "somos increibles...cuando queremos podemos tirar todos juntos!!!"
María José Sarmiento, quien en tiempo record aceptó dos medidas cautelares contra los decretos presidenciales que crearon el Fondo del Bicentenario y removieron de la presidencia del Banco Central a Martín Redrado, desapareció de los lugares que solía frecuentar, por lo que el Poder Ejecutivo anoche no podía apelar ambas medidas, pese a que como jueza de feria debería haber estado en su despacho.
Si todo lo sucedido parece una operación de Inteligencia, no es por casualidad.
El padre de la jueza es el teniente coronel Luis Sarmiento, quien durante la dictadura militar revistó en la Secretaría de Inteligencia del Estado.
En 1982 fue delegado de la SIDE en la Sudáfrica del apartheid. Su representante legal en la SIDE era su colega Eduardo San Emeterio, otro oficial del Ejército, que a principios de la década de los ’60 cursó la Escuela de las Américas y la Escuela Superior de Guerra de Francia, cuna de la doctrina de la guerra contrarrevolucionaria.
Su hijo homónimo es un ex liceísta que defiende a la mayoría de los acusados por la masacre de Margarita Belén, a Luciano Benjamín Menéndez y a Cecilia Pando.
Prometeo lo hace calentar a Zeus por no me acuerdo que cosa, éste decide vengarse y terceriza la creación de una criatura "que contenga todos los dones". Así cada fazonista divino aporta lo suyo (algunos con un poquito de mala leche) y el producto final es una especie de Maria Grazia Cucinotta y antes de mandarla para que se mezcle entre los babosos mortales, Zeus le da una caja para Prometeo, que adentro tiene todos los males imaginables: la envidia, el glifosato, el Piterosporum Ovale, la avaricia... ya saben. Pero como para que no digan que es jodido, también puso cosas buenas. Prometeo, que no era ningún gil, había decido no recibir nada que venga de arriba (esto dicho en el sentido más literal). Pero hete aquí que su hermano Epimeteo (mirá que llamarse así, le hubieran puesto directamente el que reflexiona tarde que es menos feo!) no va y se enamora de la Cucinotta, perdon de la Pandora?! El tipo se olvida de lo que había dicho su hermano y andaba con Pandora para todos lados. Ésta un día, aburrida, se le da por cureosear y abre la caja... Para que!!! Se disparan la venganza, el reumatismo, la Revolución Libertadora, todo. Adivino el pensamiento de mucho macho chauvinista: "mujer tenía que ser". En fin. La cuestión es que la chabona se asusta y cierra la tapa, y que queda adentro? La esperaaaaaaaaaanza!!! Cuando leí en el Pagina/12 la nota “Protestan y ganan plata, tan mal no les va”, en la que un productor sojero de 27 hectáreas, a bordo de un Ford Escort modelo '90 declara: “En el primer paro apoyé la protesta, cuando todos éstos que hoy están acá en vez de estar en las rutas estaban trabajando. Yo no saqué nada del conflicto, se ve que ellos pueden seguir protestando a la vez que ganan plata. Se ve que mal no les va”, pensé que el mal llamado "conflicto del campo", eufemismo de rebelión de los barones del glifosato o sublevación de la Patria Sojera, era la caja de Pandora. De poca cosa sirvió la cautela de los Prometeos que nada pudieron contra el embeleso de los Epimeteos. Igual, tan jodidos no estamos, reflexionar tarde es mejor que no reflexionar nunca.